Lily Allen ha hacho una parada especial en Kobetamendi durante su gira ‘West End Girl’, después de pasar siete años fuera del escenario. Cerrando el vigésimo aniversario del Bilbao BBK Live, la artista británica ha tomado la tarima no solo para cantar sino para montar toda una obra de teatro.

Durante la hora y cuarto que Lily Allen ha amenizado la madrugada final del festival bilbaíno, ha sonado únicamente –y en orden– su último proyecto, ‘West End Girl’. Compuesto durante diez días de encierro en el estudio, la artista se enfrentó a un bloqueo creativo del que pudo salir haciendo una catarsis sobre el fracasado matrimonio que tuvo con David Harbour, estrella de ‘Stranger Things’. El resultado, un álbum de estudio con una clara inclinación al pop y cuyas letras destacan por una mezcla entre honestidad, ficción e ironía.

La escena se ha abierto con luces fucsia que aumentan y suben su intensidad hasta llegar al máximo y encender el título del álbum. Después de que se abriera un telón turquesa, se ha revelado una habitación de hotel recreada sobre las tablas. Lily Allen se mueve con timidez inicial mientras suenan los primeros compases de la canción que da nombre al proyecto.

En la pantalla del escenario, se apreciaban unos subtítulos en español, permitiendo que el público de Kobetamendi se sumergiera de inmediato en el relato de la artista. La atmósfera se ha vuelto eléctrica cuando ha llegado ‘Ruminating’, y el grito unánime de la multitud coreando “what a fucking line” rompe el aire. La segunda canción ha marcado el fin de la timidez de Allen y el comienzo de la comunión con el público.