Por todas partes veo bazofia, esos textos producidos por la inteligencia artificial (IA) que avanzan como una epidemia: es la peste del lenguaje. Me topo con ese lenguaje promediado, lábil, sin nervio. Lo encuentro en un correo, en un artículo de prensa, ¡en un libro! El gran problema de la bazofia, incluso si una no la produce, es que no podemos evitar leerla: estamos rodeados. La peste del lenguaje me trae ecos de la covid: la tranquilidad de dar negativo en un test apenas duraba un rato. Con la IA, ya no nos basta saber que no la usamos. Todos sufrimos el riesgo constante de que la bazofia se nos infiltre al respirar. Estoy desarrollando un olfato especial, un detector de bazofia. Cada día afino el oído, porque las aplicaciones de detección de IA fallan a menudo. Mi estado de lectora se ha convertido en estado de alerta, lo que ya es un fastidio. Pero hay más.La prosa de la máquina no solo contagia el estilo, sino también la mirada. No es solo ese lenguaje sin aristas y promediado lo que adquieren quienes escriben con IA, es también su vacío, y lo más desolador: esa visión corporativa y mecanicista de la vida. Entre las estructuras que delatan, ha cobrado popularidad la epanortosis, o sea, la frase “No es X, es Y”, que corrige lo que se acaba de decir. El lema que acuñó el 15-M en 2011 —“no es una crisis, es una estafa”—, no podría gritarse ahora en las calles sin exponerse a la crítica por ceder a las máquinas el lenguaje de la protesta. He aquí el nudo: las estructuras son humanas, proceden de nuestros textos, pero la IA abusa de ellas. No es que hasta ahora nadie usara la epanortosis, sino que la IA la multiplica ad nauseam.Para hispanohablantes, no obstante, el más grave peligro reside en otra parte: los modelos de lenguaje están entrenados con textos en inglés de forma abrumadora. Cuando ChatGPT te habla en español, a menudo usa estructuras sintácticas que son altamente probables en la lengua de Shakespeare, pero no en la nuestra. Así se está generando un engendro: el artificiañol, esa lengua que usa palabras del español pero introduce numerosas estructuras sintácticas del inglés.La IA genera constantemente calcos sintácticos. Un ejemplo simple: si le digo a alguien “mi nombre es Irene”, me entenderá, pero esa estructura no es genuina del español; en castellano se dice “me llamo Irene”. Los calcos sintácticos han existido siempre, entonces, ¿cuál es el problema específico y urgente de esta hora? En esencia, son dos. Que la IA los multiplica hasta el infinito y que nos los infiltra por todas partes. Primero deforma y desarticula la sintaxis propia del español, después nos la repite tanto que llegamos a sentirla como familiar, aunque sea una estructura del inglés mal injertada en nuestra sintaxis. Como tengo afinado el detector de bazofia, los encuentro por doquier. Recibo un correo de alguien que se despide diciéndome: “Déjame saber si…”, una traducción literal de “let me know”, que en español traduciríamos por “avísame si…”. O alguien me contesta “sin problema”, porque traduce “no problem”, allí donde el español diría simplemente “vale”, esa preciosa palabra que cierra el mundo de Don Quijote. O nos aseguran que tal decisión va a “hacer una diferencia”, cuando lo que hará en todo caso es marcarla. Otro caso muy visible es el uso del gerundio, que tiene muchos aspectos. Mencionaré sólo un uso, típico del eslogan publicitario: “Tendiendo puentes”, “uniendo personas”, ya sabes a qué me refiero. El español prefiere el infinitivo en esos contextos. Y sí, ya se usaba antes, pero con la IA prolifera, supongo que por algún motivo relacionado con la visión del mundo de Silicon Valley, marketera y publicitaria, que suele desdeñar la expresión lírica, filosófica o literaria.El artificiañol parece español, pero es una lengua alienada con la sintaxis del inglés-IA (a su vez otro engendro). El artificiañol se caracteriza asimismo por prescindir de las ricas estructuras propias del castellano, pues la IA apenas las registra en su cálculo de probabilidades. Como el castellano es una lengua flexiva, nuestra frase es más libre: las palabras llevan marcada su función y gracias a eso, podemos moverlas con alegría por toda la frase, para enfatizar, por ejemplo. Cuando leo un texto que repite de forma cansina la estructura verbo+ sujeto+ predicado, una y otra vez, salta la alarma de mi detector de bazofia, que detecta la monotonía sintáctica del inglés infectando nuestra lengua en silencio. Del subjuntivo hablamos otro día…El artificiañol es dañino porque genera imprecisión y vaguedad, además de hurtarnos recursos propios de nuestra lengua. La frase es determinante para el estilo, pero no menos para el raciocinio: la sintaxis es el esqueleto del alma. Su uso torpe tiene consecuencias estéticas y cognitivas: “Si el pensamiento corrompe el lenguaje, el lenguaje también puede corromper el pensamiento”, nos advirtió Orwell. Por eso acabo implorando: no escribas con IA (ni siquiera un correo). Es como tosernos encima, como arrojarnos tus miasmas en la boca. No contribuyas a infectar la lengua. No extiendas el virus.