El hilo judicial del caso Begoña Gómez está ya tan enredado que se pueden pasar horas haciendo exégesis de un auto sobre su pasaporte sin prestar atención a lo más importante. Que cualquier decisión que se tome por mucha apariencia jurídica y lenguaje burocrático que se utilice parte de un hecho ficción: la mujer del presidente no puede fugarse. La hipótesis de huida es algo increíble hasta para los más antisanchistas. Si hubiera indicios o motivación para que lo haga, no han quedado acreditados por escrito. No tiene familia en el extranjero, tiene todos sus intereses vitales en España, vive en La Moncloa, está rodeada de escoltas. ¿Qué más hace falta para devolverle el pasaporte, una medida judicial tan lesiva para los investigados como excepcional en los juzgados? De momento, esperar al órgano judicial superior.

La última decisión del juez Viejo –sustituto del juez Peinado, que está ejerciendo el derecho a vacaciones– ha venido a aportar más confusión aún después de que Gómez pidiera viajar a Londres a la graduación de su hija y a Ankara a la cumbre de la OTAN.