La puntería de Alberto Núñez Feijóo a la hora de dispararse en el pie es extraordinaria. Es posible detectar que ha acertado en el tiro de dos formas. Al aparecer sus declaraciones, alguien aprieta el botón del pánico en la sede de Génova y varios dirigentes se apresuran a lanzarse a Twitter para decir que le han malinterpretado o que el Gobierno es peor. La segunda vía es enviar a alguien a dar la cara en las entrevistas en radio y televisión al día siguiente con la misión de explicar qué es lo que ha dicho el jefe. Lo primero es fácil. Solo hay que soltar un hachazo al Gobierno. Lo segundo es más complicado.

Feijóo celebró el martes un acto a puerta cerrada en Bilbao en el Círculo de Empresarios Vascos. Otro intento más para congraciarse con el mundo de la empresa en Euskadi y conseguir que le ayude a restar votos al PNV. En su discurso, que el partido difundió después a los medios, afrontaba el tema del absentismo laboral con un mensaje claro: “Esto es un cáncer que no podemos parar”. Se ocupará de ello cuando llegue al Gobierno para que los trabajadores cobren menos durante esas bajas. Promoverá negociaciones entre patronal y sindicatos, pero sin mucho interés, porque impondrá una reforma si no sale de ahí un acuerdo. Esto ya lo hizo el Gobierno de Rajoy en 2012 cuando puso en marcha su reforma laboral.