Un bebé de entre seis y nueves meses murió hace unos 6.000 años en la antigua ciudad de Tell Brak, en el noreste de Siria. Tenía fracturas en cuatro costillas, lesiones en ambos lados del cráneo y un crecimiento ósea anormal de unos de los fémures. El caso alarmó a los arqueólogos: estas podrían ser las pruebas de maltrato infantil más antiguas conocidas.A esta conclusión no se llegó de forma espontánea. Investigadores de las universidades de Varsovia y Durham buscaron explicaciones alternativas como raquitismo, escorbuto, traumatismos durante el parto o la tos violenta causada por enfermedades como la tuberculosis. Pero con los datos obtenidos entendieron que las heridas eran “más compatibles con lesiones no accidentales”.La tierra entre los ríos Tigris y ÉufratesLos especialistas señalaron que las deficiencias vitamínicas que causan el raquitismo o el escorbuto eran improbables, dado que la antigua Mesopotamia contaba con abundante luz solar y productos frescos gracias a la fertilidad de la tierra entre los ríos Tigris y Éufrates.Las fracturas relacionadas con el parto suelen curarse en pocas semanas en los bebés, y la densidad ósea y las mediciones de crecimiento del pequeño coincidían con las de otros niños de la época, lo que indica que no presentaba ninguna afección esquelética subyacente.Vista aérea de la ciudad, ubicada en un montículo en el noreste de Siria Wikipedia“El maltrato infantil rara vez se identifica en restos óseos procedentes de contextos arqueológicos, ya que su diagnóstico sigue siendo un reto importante”, escribieron los expertos en un artículo publicado en mayo en la revista International Journal of Osteorachaeology.El bebé falleció entre el año 4200 y el 3900 antes de Cristo y fue enterrado en un cementerio con otros 63 individuos, la mayoría niños, dentro de un distrito de talleres de la Edad del Cobre Tardía. Tell Brak fue una de las ciudades más grandes de la alta Mesopotamia y un importante centro religioso con su famoso Templo de los Mil Ojos, único en la Media Luna Fértil.Lee tambiénLas lesiones en las costillas del niño, cerca del esternón, resultaron particularmente llamativas. Situadas en la parte frontal del tórax, podrían haber sido consecuencia de un fuerte golpe o una compresión violenta y ya habían comenzado a cicatrizar, lo que indica que el niño sobrevivió durante algún tiempo tras el traumatismo.En la medicina forense moderna, este tipo de lesiones torácicas en bebés se encuentran entre los signos de alerta más importantes de posible maltrato, ya que los neonatos aún no tienen la movilidad suficiente para sufrir tales lesiones por caídas comunes.Uno de los palacios de Tell Brak, que estaba situada en la alta Mesopotamia Wikipedia“El patrón y la distribución de las lesiones observadas son más compatibles con lesiones no accidentales”, afirman los autores del estudio. Los arqueólogos compararon los restos del bebé con otros 38 esqueletos infantiles del yacimiento y no encontraron más casos de fracturas óseas.“El esqueleto del pequeño dejó huellas que no se pueden ocultar ni borrar y la arqueología ha podido revelar estos elementos invisibles en los relatos escritos”, destaca Aleksandra Grzegorska, investigadora de la Universidad de Varsovia y autora principal del trabajo.Un caso aislado de naturaleza extremaAún así, Grzegorska es consciente de que este es un “caso individual, de naturaleza extrema, que no puede generalizarse automáticamente a toda la población” de la antigua Tell Brak. El hecho de que no se conserven los tejidos blandos y que el bebé fuera demasiado pequeño para acumular un largo historial de lesiones hace ser cautelosos a los expertos con su diagnóstico.“El niño sufrió violencia infligida por sus cuidadores. Pero no queremos señalar a ninguna persona en particular”, concluye la investigadora teniendo en cuenta el hecho de que en muchas culturas antiguas, varios miembros de la familia, no solo los padres, participaban en la crianza de los neonatos.Periodista