Miquel Mesegué se presenta a la entrevista con ojeras y cara de haber dormido poco. Al preguntarle qué tomará, responde: “Agua. Necesito agua”. Y con ella intenta ahogar la tos seca que le interrumpe el discurso cada pocos minutos. Menos de 12 horas antes de este encuentro estuvo rodeado de llamas de más de 10 metros de alto. Fue el primer bombero en llegar al incendio que se declaró el lunes en Sentmenat (Barcelona) y que coexistió con otros dos fuegos en Catalunya esa misma tarde.

Pero Mesegué no es trabajador de la Generalitat. De hecho, es bombero en una petroquímica y compagina este trabajo con un voluntariado en el cuerpo. Hay más de 1.000 como él y suponen un 33% del total de agentes, aunque los parques de voluntarios son más numerosos que los de funcionarios. El modelo mixto catalán data de los años 80 y se instauró para poder tener estaciones por en todo el territorio, incluso allí donde no suele haber incidentes. Pero, cuando los hay, los voluntarios suelen ser los primeros en llegar.

“Nos exponemos al mismo peligro y al mismo trabajo que los funcionarios”, explica Mesegué que, además de ser presidente de la Federación de Bomberos Voluntarios, también es impulsor de una demanda colectiva que ha llevado a 500 voluntarios a demandar a la Generalitat por “uberizar” un servicio esencial. Han recibido el apoyo de diversos sindicatos y de 80 municipios, a la espera de los primeros juicios, que serán en septiembre.