Con el incendio del Empordà todavía activo, los bomberos catalanes tuvieron que lidiar el lunes con otros tres focos de gran envergadura en Artesa de Segre, Sentmenat y otro en la comarca del Anoia. El martes la situación se repitió con fuegos en Torrefeta i Florejacs, Savallà del Comptat (Tarragona) y Martorell (Barcelona). Ayer no fue mucho mejor, y a primera hora de la tarde se contaban hasta 10 incendios activos en diferentes fases con uno de especial virulencia en Gavà que obligó a confinar a 6.000 vecinos y otro en Navarclés que obligó a permanecer en casa a 7.000 más. Esta simultaneidad de incendios es lo que más preocupa a los bomberos y servicios de emergencia en estos momentos. ¿Cómo se las apañan para estar en todas partes? ¿Cómo se prioriza un foco u otro?La ola de calor no ayuda. Tampoco el número limitado de efectivos. En realidad, para combatir este gran número de incendios solo se dispone -sin contar con las ayudas puntuales de la Unidad Militar de Emergencias (UME) o de los efectivos de otros puntos de España- con 3.000 bomberos profesionales y 1.500 bomberos voluntarios. Cuando coinciden varios incendios, como esta semana, los mandos del cuerpo echan mano de lo que denominan “la doctrina operativa”. Se trata de una filosofía funcional que obliga a priorizar, a no colocar todos los efectivos en un único lugar, a sabiendas de que alguno de los fuegos arrasará más hectáreas, pero previendo que si aparece otro podría ser fatal haber movilizado todos los recursos a un único punto. David Borrell, jefe de los Bomberos de la Generalitat, explica a EL PAÍS como, en plena ola de calor, el objetivo -a parte de sofocar incendio- es “evitar el colapso operativo” de los bomberos. Borrell tiene claro que, en la actualidad, los incendios son muchísimo más lesivos que hace unas décadas: “Ahora, los bosques no se explotan económicamente. Por eso, están como están. Además, hay cada vez más abandono rural. Cada vez hay más bosque y menos campos cultivados que servían de cortafuegos. A todo ello, le sumamos el cambio climático y la situación es dramática”, advierte Borrell. Los retos a los que se enfrentan los bomberos catalanes no son exclusivos y “preocupan a todos los cuerpos de emergencias con competencias forestales”. Fue en 2022 cuando se estableció el protocolo de los bomberos catalanes – ellos lo llaman “doctrina operativa”- que marcaba como actuar ante el peligro de “incendios simultáneos”. Borrell lo detalla: “Primero hay que tener una unidad de inteligencia que analiza los incendios. En nuestro caso, tenemos al Grupo de Actuación forestal (GRAF) dentro del propio cuerpo. Segundo, tenemos una cadena de mando totalmente jerarquizada. Un mando que va a decidir qué envía a cada lugar. En nuestro caso, no es igual en toda España, somos un cuerpo único. El mismo cuerpo de bomberos es el que analiza, marca la estrategia de maniobra, toma las decisiones estratégicas y trabaja en la extinción. En otros cuerpos hay un director de extinción externo y dependiente de consejerías y luego un mando que ejecuta esas órdenes”.Esa es la filosofía de intervención, pero, a nivel práctico cuando hay incendios simultáneos, los Bomberos de la Generalitat diseñan un puesto de mando operativo central y un puesto de mando en cada incendio. “Desde el puesto de mando central decidimos qué incendios priorizamos y cuales no. Siempre siguiendo dos objetivos: que los focos no se hagan muy grandes y evitando el colapso operativo”. En cada incendio se marcan unos objetivos a corto y medio plazo. Objetivos que se toman desde el puesto de mando central. “Es un juego estratégico y táctico para anticiparse a la reacción de los propios incendios”. En 2022, cuando se estrenó la doctrina operativa, se enfrentaron a una de esas situaciones. El 15 de junio se declaró un incendio en el núcleo de Baldomar perteneciente a Artesa de Segre (Lleida) con un potencial de arrasar con 5.000 hectáreas. Paralelamente se declararon incendios en la comarca del Solsonès; concretamente en el núcleo de Ceuró de Castellar de la Ribera (Lleida) con un potencial de quemar 150.000 hectáreas. “Conseguimos cerrar el incendio de Balldomar donde queríamos y dejamos quemar el flanco izquierdo. Aceptamos que quemara unas pocas hectáreas porque invertir allí todos los recursos habría implicado que el de Ceuró arrasaría”, lamenta Borrell. “Si te obsesionas en un único incendio dejas los otros sin controlar”, señala. “Esta semana, en el incendio de las Gavarres dimensionamos de medios y efectivos uno de los flancos para que no creciera el fuego por allí y en el resto se fue haciendo. No podemos, por ejemplo, destinar todos los medios aéreos a un flanco no prioritario y que haya otro incendio y no tengamos ya helicópteros o hidroaviones”, resalta. ¿Cuándo se puede llegar al colapso operativo? Borrell es claro: “Puede pasar si tienes un incendio grande y envías la mitad de efectivos y medios. Te surge un segundo incendio y envías la otra mitad. Si te sale un tercer incendio acabas de colapsar. No tienes nada. Hay que actuar estratégicamente, enviar ataques ofensivos al incendio, confinar y saber contener”. El jefe de bomberos tiene claro su temor para las próximas semanas: “La simultaneidad de incendios con características extremas en el que necesitemos mucho tiempo para contenerlos y arrasen con miles de hectáreas”. La previsión meteorológica no hace más que dar alas a estos temores, ya que no se prevé una bajada de la temperatura antes del día 15.