Actualizado a las 13:44h.
El debate sobre si las vacaciones realmente lo son me lleva siempre a la madre de una amiga. Ella resumía así su mes en el apartamento de la playa: «¿Vacaciones? Lo que hago es cambiar el fregadero de la ciudad por el fregadero con vistas ... al mar». Dichosos ellos, pensaba yo, que tenían segunda residencia. Lavavajillas también. No entro en quién hace qué en la cocina. Ya estamos modernos. Alguien ha de trabajar para que los demás vacacionemos. Así que, vuelvo a lo esencial: en realidad, todo el mundo tiene algo que hacer en vacaciones. Empezando por pensarlas y organizarlas: un curso de surf, un crucero por las islas griegas, vaciar el trastero de casa de tus padres o, simplemente, escapar del calor. También están los que estudian, no para recuperar, pues en este país decidimos que el verano era para disfrutar y acabamos con los exámenes extraordinarios de septiembre, sino por otras razones. De modo que están los que hincan codos por gusto y los que lo hacen para salir con ventaja en septiembre. Estos son casi los que más admiración me despiertan. Los que se toman el verano como entrenamiento y no como meta.
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