Cada año, cuando llega la temporada de cerezas, aparecen recetas, tartas, mermeladas y recomendaciones para aprovechar una de las frutas más esperadas del verano. Pero en Bélgica llevan siglos haciendo algo distinto: fermentarlas. No hablamos de añadir un poco de zumo o un aroma artificial a una cerveza cualquiera. Hablamos de uno de los estilos más tradicionales de la cultura cervecera belga. Una cerveza cuya historia no solo está ligada a esta tentadora fruta roja, sino a una región concreta y a una forma de elaboración que hoy sigue pareciendo casi magia. Estamos hablando del estilo Kriek.Como menciona el libro The Oxford Companion to Beer, la palabra significa simplemente “cereza” en flamenco, pero detrás de ese nombre se esconde una tradición fascinante de la cerveza europea. La Kriek nace en el valle del río Senne, en la región del Pajottenland, al suroeste de Bruselas. Allí se elaboran desde hace siglos las lambic, unas cervezas muy particulares que no utilizan levaduras cultivadas, sino que fermentan gracias a los microorganismos presentes en el ambiente. Una vez que la lambic ha envejecido entre uno y dos años en madera, llega el momento de añadir las cerezas.Tradicionalmente se utilizaban las cerezas Schaerbeek, una variedad local pequeña, muy ácida y con hueso grande que crecía en los alrededores de Bruselas. Las cerezas se incorporaban enteras, a veces maceradas, otras trituradas, pero siempre con el hueso incluido. Este detalle es importante, porque aporta esas ligeras notas que recuerdan a la almendra tan características de esta cerveza. Cuando la fruta entra en contacto con la cerveza, las levaduras y bacterias que estaban adormecidas vuelven a activarse para comenzar una nueva fermentación alimentada por los azúcares de las cerezas.El resultado está muy lejos de la imagen de una cerveza dulce o empalagosa que solemos tener cuando vemos una cerveza de color rojo o rosado. Una Kriek tradicional suele ser seca, vibrante, refrescante y muy efervescente. Las notas de cereza aparecen acompañadas de una acidez marcada, matices terrosos procedentes de la fermentación y un ligero carácter almendrado, como ya comentamos, derivado de los huesos de la fruta. Es una cerveza que limpia el paladar con facilidad y que, servida fría en una copa, puede resultar tan refrescante como un cava. De hecho, muchos profesionales de la cerveza la describen como una de las mejores cervezas para beber durante una tarde calurosa de verano. Me incluyo entre ellos.Con el paso del tiempo aparecieron versiones más dulces, algunas elaboradas con zumos, siropes o aromas de cereza que se alejaban bastante de las referencias tradicionales. Como pasa en la gastronomía, estos ejemplos comerciales son los que durante años hicieron que mucha gente pensara que todas las cervezas de cereza sabían a caramelo líquido.Por suerte, hoy convivimos con ambas interpretaciones: las clásicas, secas y complejas, y las modernas, más accesibles y frutales. Ya seas del grupo que disfruta lo más dulce o del que aprecia las bebidas secas, la Kriek se convierte en una excelente puerta de entrada al mundo de la cerveza. Si quieres empezar a explorar este estilo sin complicarte demasiado la vida, hay dos referencias relativamente fáciles de encontrar en España. Por un lado está la Chouffe Cherry, elaborada por la cervecera belga Chouffe. Mantiene el carácter afrutado de la cereza, pero sobre una base más amable y accesible, con un punto dulce equilibrado por una acidez moderada. Es una cerveza expresiva, aromática y muy fácil de compartir.La otra opción es Mort Subite Xtreme Kriek, disponible en muchos supermercados. Más intensa en fruta, con una presencia evidente de cereza y una acidez refrescante, ofrece una visión moderna del estilo que resulta especialmente atractiva para quienes llegan desde el mundo del vino o de los cócteles.Una vez que la tengas en la copa, llega la pregunta inevitable: ¿con qué la acompañamos? Es una gran compañera de mesa, desde lo saldado hasta el postre: con chocolate negro crea uno de los maridajes clásicos de la gastronomía belga. La intensidad del cacao encuentra equilibrio en la fruta y la acidez de la cerveza. Por otro lado, con una tarta de queso ocurre algo parecido: la Kriek aporta frescura y evita que el conjunto resulte pesado y le suma el punto de fruta que toda tarta de queso pide.Si eres amante de lo salado también funciona muy bien con tablas de quesos, especialmente aquellos de pasta blanda o corteza lavada, donde la fruta ayuda a equilibrar las notas más intensas. Para quienes disfrutan experimentando, hay una combinación tan sencilla como efectiva: una copa de Kriek junto a un helado de vainilla. La acidez de la cereza acompaña y crea una sensación extremadamente refrescante con el helado.Sin lugar a dudas, la Kriek es una cerveza apta para todos los paladares. Y aunque la fruta tenga temporada, Bélgica lleva siglos recordándonos que no todas están destinadas a acabar en una tarta. Muchas nacieron para acabar en una copa.
Las cerezas también se beben: la historia de la Kriek y las dos marcas fáciles de encontrar en España
Muchos profesionales cerveceros describen la Kriek, una de las cervezas más singulares de Bélgica, como una de las mejores opciones para una tarde calurosa de verano









