En el chiringuito Mar�a huele a espeto de sardinas, a sal y a historia. La de Juan Manzano y Rosi, su mujer, toda una vida (literal) en la arena de la playa de la Misericordia, en M�laga. El suyo es uno de los chiringuitos m�s antiguos de Espa�a —casi un siglo de amaneceres junto al Mediterr�neo que acredita la prestigiosa revista Traveler— y �l uno de los decanos de los chiringuiteros.Mientras a su alrededor desfilan bandejas de pescado frito y de cigalas al pil pil —una de las especialidades de la casa—, cuenta que ya con siete a�os fregaba vasos y llenaba de casera los tintos de verano que serv�an sus padres, los padres verdaderos del chiringuito Mar�a.�Vienen a por nosotros�, advierte muy serio pero sin alarmismo porque, explica, �llevamos toda la vida aguantando� y nadie ha podido acabar con el chiringuito. �Es imposible�, sentencia, pero �lo est�n intentando�.En las �ltimas semanas, los chiringuitos han estado en el foco, m�s bien en la picota, por sentencias judiciales que han puesto a temblar a los de Rota y Tarifa, por licencias que no se renuevan en Puerto Sherry y, sobre todo, por una reforma de la Ley de Costas que impulsa el Gobierno con la justificaci�n de que hay que adaptarse a la normativa europea y que ha erizado la piel al sector.Palos en el camino, dice Juan, que no van a conseguir que desaparezca todo un emblema de las costas espa�olas. En el imaginario colectivo de muchos, el chiringuito es tan cosustancial a la playa como las olas que ba�an su orilla. Para algunos, incluso mucho m�s.La historia del chiringuito Mar�a comienza a escribirse en los a�os 60, cuando Juan y Mar�a, los padres del Juan actual, aprovecharon la terraza de la casa del abuelo, en plena playa de la Misericordia, a apenas 200 metros de donde ahora estamos, para servir tapas y tintos con casera. �se fue el origen, el principio de una historia que continu� el hijo hace cerca de tres d�cadas, cuando se hizo cargo del establecimiento y que, ahora, siguen escribiendo las dos hijas de Juan, Cristina y Eli, y su yerno Miguel �ngel.�Todo ha cambiado�, dice Juan, que, a sus 72 a�os, hace ya un par de ellos que se retir�, justo cuando se jubil� su mujer de la cocina del Mar�a, aunque no falta ni un solo d�a en su restaurante de playa. Poco tiene que ver, detalla, el chiringuito de hoy con el de hace 30 a�os, Y menos a�n con el de hace 90. Pero la esencia, dice, es �la misma�.El chiringuito, afirma, es mucho m�s que un bar de playa. Por el suyo han pasado pol�ticos de todos los colores, desde Mariano Rajoy a Pedro S�nchez, a cuyo gobierno se�ala Juan por el en�simo ataque al sector. �No me puedo imaginar las playas sin chiringuitos�, son �una se�a de identidad� que, se lamenta, algunos quieren atacar. Asegura que no quiere se�alar expresamente a nadie, pero su mirada y sus palabras apuntan al Gobierno central. �Les da igual todo, es muy f�cil decidir desde un despacho�, critica.��A qui�n molestamos?�, pregunta sin encontrar respuesta porque, dice, no la hay.Cuando Juan se�ala a los despachos de Madrid est� pensando, sobre todo, en la reforma del reglamento de la Ley de Costas. �se es, hoy por hoy, el principal nubarr�n que oscurece los amaneceres de los chiringuitos espa�oles.La reforma de la Ley de CostasCon la excusa/justificaci�n de que la Comisi�n Europea exige armonizar la legislaci�n, est� encima de la mesa y en plena discusi�n un texto que obligar�a a los chiringuitos a ser cien por cien desmontables para cerrar tras la temporada estival, les prohibir�a tener s�tanos y m�s de una planta e impondr�a un concurso libre por las concesiones una vez que termine el periodo de vigencia del permiso. Si todo eso se plasmara, sin matices, en la reforma del reglamento de la Ley de Costas, dice el presidente de la Federaci�n Andaluza de Empresarios de Playas, Manuel Villafaina, dif�cilmente ser�a rentable el negocio. �Nos puede hacer da�o�, insiste.Desde la Junta de Andaluc�a, que es, como el resto de comunidades, la que tiene las competencias en esta materia, defienden que es compatible la actividad �todo el a�o� y la protecci�n ambiental de las playas, que hay �garant�as t�cnicas y ambientales� y critican que se est� gestando la reforma legislativa de espaldas a las autonom�as.El Ministerio para la Transici�n Ecol�gica, la bestia negra a la que se�alan los chiringuiteros, niega que la reforma vaya en contra de los chiringuitos y hace hincapi� en que de lo que se trata es de �adecuar el r�gimen concesional a las exigencias europeas de concurrencia competitiva�. En ning�n caso, subrayan, se trata de prohibir los chiringuitos. De todas maneras, a�aden fuentes del departamento de Sara Aagesen, la norma �a�n no ha sido aprobada definitivamente y no existe fecha cerrada� para que entre en vigor.Con las condiciones de las que habla, Juan Manzano tiene claro que su chiringuito no sobrevivir�a. Ser�a imposible, recalca, pagar a sus trabajadores y 20 familias se quedar�an sin sustento. �No ser�a rentable, ser�a horroroso�, responde a la pregunta de qu� pasar�a si tuviese que desmontar cada a�o su chiringuito al terminar el verano.El chiringuito Mar�a no cierra en todo el a�o, salvo en el mes de febrero, por vacaciones. Est� abierto de martes a domingo por la tarde y los inviernos no existen a efectos de clientela y de reservas.Y lo mismo, o parecido, sucede en los alrededor de mil chiringuitos que se reparten por todo el litoral andaluz y que dan empleo a 50.000 personas, seg�n los datos de la patronal.�No contaminamos, nos llevamos siete horas limpiando todos los d�as y vigilamos y cuidamos las playas y ellos lo saben�, a�ade el chiringuitero malague�o que augura �una revoluci�n� si las amenazas se cumplen y en los despachos de Madrid se decide alguna medida que les perjudique y les lleve a la extinci�n. En el chiringuito Mar�a ya trabaja la cuarta generaci�n de la familia y Juan conf�a en que a la historia que comenzaron a escribir sus padres le queden, a�n, muchas p�ginas... y espetos.
Chiringuiteros en pie de guerra contra las amenazas de cierre: "Vienen a por nosotros. Es imposible que acaben con esto, pero lo est�n intentando"
En el chiringuito Mar�a huele a espeto de sardinas, a sal y a historia. La de Juan Manzano y Rosi, su mujer, toda una vida (literal) en la arena de la playa de la Misericordia, en...






