–Le voy a contar una historia graciosa –dice Nicolas Edet mientras conduce la furgoneta.
Hemos coronado la ascensión de Begues, templo de los ciclistas de la zona, y estamos descendiendo hacia Vallirana. Nos quedan unos 40 kilómetros hasta Montjuïc y vamos tan a gustito ahí adentro, con el aire acondicionado y radio macuto.
(Para el pelotón ya es otra cosa: la serpiente multicolor viene veinte minutos por detrás, avanza a una media de 46 km/h; Pogacar, Del Toro y el resto del UAE se están afilando y los tres escapados tienen los minutos contados).
–¿Le cuento la historia o no? –insiste Nicolas Edet, que me ve algo distraído.
–Cuente, cuente.















