En una jornada sin sobresaltos ni ritmo, el ‘sprinter’ del NSN se lleva el triunfo sobre Godon
Era un día de rodar tranquilo, de charlas en el pelotón, de saludar a la cámara, de pachorra máxima, de guardar fuerzas para lo que está por llegar, que son dos etapas de alta montaña que pondrán picante a una Volta desbravada hasta el momento. Era, en definitiva, un día de disfrute y de dolce far niente que se acabó con los estertores de la etapa, cuando los equipos se ocuparon en coger las posiciones punteras para hacer de lanzadera a los hombres-bala. Ninguno como Dorian Godon, con dos triunfos en la edición y que no fueron tres en Camprodón porque Ethan Vernon (NSN, el equipo israelí de Sylvan Adams, ahora con Andrés Iniesta como figura visible porque compró la licencia del equipo) trazó mejor la última curva y, con solo 100 metros por delante, ya no dio opción a más.
De Mataró, donde ya es tradición la muchachada apelotonada alrededor de los autobuses de los equipos, comunión magnética, al Pirineo catalán; de la ciudad a la montaña; del asfalto a Camprodón, tierra donde ya predomina el verde, de pinos y roca, de masías de piedra y tejados oscuros, de galletas Birba, de lluvia intermitente y frío, de refugio invernal para los esquiadores, de gozo para los boletaires (que recogen bolets, tipo de seta silvestre comestible, el oro hecho hongo), de obligado detenimiento para observar los arrebatadores paisajes. Aunque faltó la nieve y la etapa quedó descafeinada porque se activó una alerta desde VENTCAT de nivel 3, con una previsión de rachas de viento de hasta 90 km/h en la cima de Vallter, por lo que la Volta recortó el recorrido y quitó la ascensión a la estación de esquí. Un varapalo para el aficionado, que aguarda desde el inicio de la competición a los codazos entre los grandes, a la pelea de verdad; y un fastidio para los equipos, que, entre otras cosas, escogieron la Volta por las tres etapas de montaña seguidas, la mejor de las preparaciones para las grandes vueltas.






