A medida que la inteligencia artificial se convierte en un compañero más de la oficina —omnipresente, obediente y silenciosa—, crece también el interés por responder la pregunta que inquieta a trabajadores, empresas y economistas: ¿qué impacto tendrá realmente la IA sobre el empleo y la productividad? Diferentes estudios e informes hace años que intentan resolver una incógnita que ya ha derivado en distintas corrientes de pensamiento.El estadounidense Erik Brynjolfsson, director del laboratorio de economía digital de la Universidad de Stanford, aparece citado a menudo como uno de los primeros economistas que empezó a preguntarse qué tareas y profesiones podrían transformarse o incluso sustituirse con la llegada masiva de la IA generativa. Su estudio Generative AI at Work analizó la introducción de un asistente conversacional de IA en una empresa con 5.172 agentes de atención al cliente. Con esta tecnología, la productividad media aumentó un 14%, medida como incidencias resueltas por hora. Esto se explica porque los trabajadores redujeron el tiempo destinado a cada conversación y pudieron gestionar más chats a la vez. Además, según los descubrimientos de Brynjolfsson y su equipo, este efecto fue mucho mayor entre los empleados noveles, que mejoraron su productividad en hasta un 34%. En cambio, los que tenían más experiencia apenas lo notaron y en algunos casos el uso de la IA incluso supuso una reducción en la calidad de su servicio.Una investigación de Stanford detectó un aumento de la productividad del 14% gracias a la IAAun así, en otro trabajo académico de 2025, Brynjolfsson identificó que, en las profesiones más expuestas a la IA, se produjo un descenso de entre el 6% y el 16% en la ocupación de los empleados jóvenes, de entre 22 y 25 años. Su conclusión es que esta caída se debía más a una ralentización de las contrataciones que a un repunte de los despidos, ya que las empresa fichaban a menos perfiles júnior para las tareas que la IA ya podía asumir. Este estudio se titulaba Canarios en la mina? Seis datos sobre los efectos recientes en la ocupación de la inteligencia artificial, una referencia a la primera señal de alerta que supone antes que lleguen transformaciones más profundas al mercado de trabajo.Sin embargo, esta visión algo más optimista de Brynjolfsson contrasta con la de otro frente más escéptico (o prudente) que lideran figuras como el Premio Nobel de Economía Daron Acemoglu. En un estudio de 2024, el académico auguraba un impacto más modesto de la IA en la productividad, con un aumento de no más del 0,71% en un horizonte de 10 años. En el PIB, el repunte podría situarse entre el 1,1% y el 1,8%, según la intensidad de las inversiones que acompañe a esta tecnología. Acemoglu argumenta que buena parte de los ahorros esperados por la IA vienen de tareas “fáciles de aprender”, mientras que las “difíciles” –que requieren del contexto y el juicio humano– tardaran más en aportar ganancias de productividad.Las tareas administrativas y de gestión serán las más automatizables gracias a esta tecnologíaEn España, algunas investigaciones pioneras también han empezado a desgranar este fenómeno. Antoni Mestre es uno de los autores del estudio Inteligencia artificial y empleo. Perspectiva territorial y de género, elaborado junto a otros académicos del Institut Valencià d’Investigació en Intel·ligència Artificial (VRAIN), de la Universitat Politècnica de València. En este documento exponen que España tiene una exposición a la IA “moderadamente alta”, que puede afectar entre el 18% y el 22% del empleo total. “No queremos que sustituya al humano, sino que cada parte aporte lo mejor de si mismo”, expone Mestre. Su informe también deja claro que este impacto será muy desigual según la zona geográfica, concentrando la incidencia en territorios como Madrid, Barcelona y Málaga, donde hay un mayor peso de los servicios avanzados. Por contra, aquellas regiones más dependientes del sector primario y la industria tradicional están menos expuestas. Como explica Mestre, las tareas más automatizables están relacionadas con el manejo de información a través del ordenador. Las mujeres son las que mayoritariamente asumen estas gestiones administrativas y de gestión documental, por lo cual el impacto de la IA en la ocupación también tiene un sesgo de género.Las investigaciones coinciden en qué el impacto de la IA será peor para las mujeres y las zonas urbanasDe hecho, esta es una de las conclusiones a las cuales llegó otro informe publicado recientemente por la Cambra de Comerç de Barcelona, uno de los primeros en estudiar las implicaciones de esta revolución tecnológica para el mercado de trabajo catalán. Según esta investigación, el 21% de las mujeres tienen una exposición muy alta, en comparación con el 11% de los hombres. A nivel general, la edad más crítica de acuerdo con este estudio es la franja central del ciclo de la vida, de los 35 a los 50 años. “Es un momento un poco complicado para cambiar de sector o de trabajo”, apunta la directora de análisis económico de la entidad, Carme Poveda. Su recepta para afrontar este reto es clara: impulsar políticas que se anticipen a esta transformación y permitan encontrar nuevos roles para estos perfiles afectados.Periodista de Economía en La Vanguardia. Antes trabajó durante diez años en la misma sección en el Diari Ara. Es autora del libro 'El club de los unicornios' (Península, 2023).
La era de la IA también divide a los economistas
Algunos académicos son optimistas sobre el impacto de la IA en la ocupación y la productividad, mientras que otros esperan mejoras más modestas








