Acabó de terminar A oscuras, la última novela de Thomas Pynchon, publicada en 2025 cuando el autor estaba por cumplir noventa años. Aunque la comparación parezca impropia, el suyo es un caso parecido al de Lionel Messi, que a su edad exhibe un vigor mental que acaso sorprenda más que su talento. Como el juego de Messi, A oscuras es la novela de un hombre joven, poseído por una pasión lúdica que lo lleva a seguir inventando continuamente. No leí toda la obra de Pynchon. Sus largas novelas a veces me intimidan. Pero cuando entro en alguna, como me ocurrió con Vineland (1990) o con Vicio propio(2009), me absorbe un tipo particular de placer que excede la trama, la prosa y la lengua para convertirse en asombro frente a las manías de Pynchon: todo escritor grande tiene manías a gran escala tato en su vida como en su obra. Pynchon ha decidido ser un escritor privado, más que secreto. Alguien que se dedica a escribir y cree que aparecer en público, dar clases, conferencias o entrevistas lo distraen de lo que le gusta hacer. En realidad, no sé si lo que más le gusta hacer es dedicar horas y horas a escribir o tener una vida propia no condicionada por su relación con lectores, críticos, alumnos, admiradores, colegas y otros parásitos, aun cuando algunos de ellos puedan ser brillantes o encantadores. Esa es una manía, de la que uno no puede olvidarse cuando lee a Pynchon, alguien que casi no tiene una cara.