El autor publica El libro infinito. Cómo David Foster Wallace asombró al mundo, una reflexión sobre el legado de La broma infinita, la vigencia de su autor y la extraña capacidad de la novela para seguir interpelando a lectores nacidos en la era de TikTok.

Hubo un tiempo en que leer una novela de más de mil páginas podía interpretarse como algo muy exigente intelectualmente. Hoy, en una época dominada por las notificaciones, los vídeos de pocos segundos y la competencia constante por nuestra atención, parece una heroicidad.

A muchos les cuesta concentrarse más de cinco minutos leyendo sin sentir la necesidad imperiosa de mirar el móvil. Ya ni siquiera tiene que ver que el libro nos guste o no, sino en conseguir concentrarse lo suficiente como para mantener los ojos en la página.

Por eso resulta tan llamativo que, treinta años después de su publicación, La broma infinita, un libro que supera las 1200 páginas, siga despertando fascinación.

La monumental novela de David Foster Wallace continúa generando clubes de lectura, pódcast, foros de discusión y nuevas generaciones de lectores dispuestos a enfrentarse a una obra que desafía muchas de las convenciones narrativas habituales. Y no solo eso, lo que en 1996 parecía una rareza literaria se ha convertido con el tiempo en una referencia ineludible para entender algunas de las obsesiones del presente.