Actualizado a las 08:27h.
Cuando lees 'Moby Dick', desaparece automáticamente el debate sobre cuál es la mejor novela que se haya escrito. Es algo parecido a cuando pruebas el Vega Sicilia o cuando ves torear a Morante: nada vuelve a ser lo mismo. Hay otros vinos y otros toreros ... y están bien. Pero no son Vega Sicilia ni Morante, que se convierten en dos maneras de estar el mundo y que, aumentando el umbral de la excelencia, aumentan también el de la frustración. Y esa frustración los convierte en aspiracionales, en el estándar de esa belleza a cuya búsqueda dedicamos, desde entonces, el resto de nuestra vida. Supongo que sucede lo mismo cuando amas a Ana de Armas.
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