Encontraremos pocas máximas más sabias que aquella que dice: “Si ha ido Ernest Hemingway, tú no vayas”
Existen temas sobre los que la humanidad nunca ha logrado ponerse de acuerdo: la receta de la paella, la existencia de un Dios providente y, por supuesto, si el Harry’s Bar de Venecia es una maravilla o es un timo. Los tres temas son capaces de causar rupturas entre amigos y guerras entre clanes, pero creo que todavía no he visto a nadie defender ninguna postura en esta vida con el fervor de cruzado con que se defiende el sí o el no al Harry’s Bar. Vaya por delante que uno ...
milita con fiereza en el sí, aun en la comprensión de que, en nuestro caminar por el mundo, encontraremos pocas máximas más sabias que aquella que dice: “Si ha ido Ernest Hemingway, tú no vayas”.
Por supuesto, es mucho mejor que haya discusión a que no se hable. Como ocurre con Las cuatro estaciones o la Mona Lisa, también hay restaurantes que ocupan una esfera tan obvia entre el clasicismo y la popularidad que jamás nos ocupamos de ellos. Pasaba hasta hace poco —lo han renovado— con Lhardy. Pasa con Lucio, con el Floridita y con La Coupole: los damos por sentados de tal manera que, quizá sin querer, pensamos que pueden estar bien para que un señor de Minnesota se quite el pelo de la dehesa, pero a nuestros regalados paladares le parecen sitios inherentemente poco sofisticados.






