Sentada en una de las mesas del Royal Banquet, uno de los restaurantes principales de Disneyland Par�s y sujetando una peque�a c�mara de fotos blanca, Roberta hablaba con su t�o Alfonso y resum�a en pocas palabras lo que sent�an los 30 ni�os madrile�os con c�ncer que acababan de aterrizar en Par�s: "S� que esto es real, pero parece un sue�o... no me lo puedo creer".Roberta es una peque�a vecina del barrio de Mirasierra y padece un retinoblastoma, un tumor agresivo que afecta gravemente a su visi�n. Hace solo un a�o sufri� una reca�da despu�s de meses de mejor�a, pero junto a su nueva c�mara, un regalo especial para este viaje con el que ha estado realizando un "aut�ntico reportaje fotogr�fico", se defiende por los rincones del parque con una soltura que asombra a todo el grupo. "Es una bestia, da lecciones constantemente", relata con orgullo su t�o Alfonso, quien la acompa�a en esta aventura m�gica.Roberta junto a su t�o Alfonso con el pato Donald.EL MUNDOPara estos madrile�os, el viaje organizado por Juegaterapia, que tuvo lugar el 30 de junio y el 1 de julio, comenz� hace apenas dos semanas en el taller de teatro de la fundaci�n. Al final de los ensayos de un mi�rcoles cualquiera, los monitores anunciaron que ten�an que dar una noticia muy importante y desplegaron unos papeles que pon�an: "Actores y actrices de elenco, p�nganse los cinturones, que nos vamos a Disney". El impacto inicial los dej� a todos en un estado de shock: "No sab�a como reaccionar", explica Roberta.Los gritos, los abrazos y las l�grimas de los ni�os dieron paso a una cuenta atr�s que culmin� en el Aeropuerto de Barajas. El comienzo de un viaje dise�ado por Disney con un �nico prop�sito: "Transformar por unos d�as la vida de los ni�os que padecen c�ncer" que ayudan la Fundaci�n Juegaterapia. La labor de la asociaci�n consiste en transformar la experiencia hospitalaria de los peque�os construyendo zonas en centros para que puedan seguir siendo ni�os.EL MUNDOEl trayecto, operado por Iberia, dej� claro desde el primer minuto que no se trataba de un desplazamiento ordinario: "Para nosotros estas acciones son algo m�s, y ese m�s est� en la cara de felicidad de los ni�os". Las familias descubrieron que el avi�n en el que iban a volar hab�a sido vinilado en uno de sus laterales con la figura de Olaf, el mu�eco de nieve de Frozen, y en por el otro, con Buzz Lightyear de Toy Story.Algunas de las protagonistas de la expedici�n fueron Maryori y Alba, madre e hija de origen peruano que viven en la capital de Espa�a. Para Alba, de tan solo cinco a�os, era su primera vez en Disney, y el camino para llegar hasta all� no hab�a sido f�cil. El d�a que recibi� la llamada de la fundaci�n se encontraba ingresada en el hospital, lo que oblig� al equipo m�dico a hacerle chequeos hasta poder darle "un permiso especial lleno de magia". La ni�a recorri� las avenidas principales con un gorra de Stitch, una mascarilla y su silla de ruedas, para no cansarse, aunque su vitalidad eclipsaba cualquier limitaci�n f�sica. Alba es una ni�a s�per alegre cuyo rostro se iluminaba con todo lo relacionado con la Bella Durmiente. Su momento favorito lleg� durante la gran cabalgata de las princesas donde pudo saludar a Aurora abrazada a un peluche de Sully, de Monstruos S. A. que a ella no le daba ning�n miedo.Alba chocando la mano con una de las voluntarias de Disney.MAR�A SANTAMAR�AMientras los ni�os corr�an de un lado para otro entre las princesas, ellos no se daban cuenta de que sus pr�ncipes azules estaban preparados en todo momento para rescatarlos si algo iba mal: los familiares de cada uno. En las caminatas entre atracci�n y atracci�n afloraba la comprensi�n y la camarader�a entre el grupo de progenitores.Fue casi de noche, esperando a que comenzase el espect�culo de fuegos artificiales, cuando destac� Aria, una peque�a de cinco a�os de San Mart�n de la Vega que lucha desde hace un a�o contra un tumor cerebral. La peque�a se subi� a su carrito y se puso a bailar con el resto de ni�as sin dar muestras del m�s m�nimo cansancio. Aria abrazando a Mickey Mouse a la entrada del parque de atracciones.Mar�a Santamar�aSu madre, Melania, la observ� con amor, y suspir�: "Me canso intentando mantenerla con vida, no para quieta nunca". Un comentario que en cualquier otro entorno habr�a resultado gracioso, pero que all� desat� miradas de absoluta empat�a entre las madres porque en este caso ten�a un significado mucho m�s profundo. Todas entend�an el doble significado.Melania relat� c�mo en mayo, cuando Juegaterapia las llam�, ya estaban intentando movilizar a toda la familia para llevar a la ni�a a Disney por su cumplea�os. "De repente me llamaron y no me lo cre�a, fue una pasada", recuerda ahora que Aria ha terminado el tratamiento y se encuentra en fase de revisiones con resultados positivos.Sin embargo, la labor humanizadora de la fundaci�n abarca una dimensi�n que va mucho m�s all� de los ni�os que se encuentran en tratamiento activo. En el grupo madrile�o viajaban tambi�n historias como la de Patricia Gonz�lez, vecina de Coslada, que hace tres a�os ya visit� Disneyland por primera vez junto a su hijo peque�o, Aday. Apenas dos meses despu�s de regresar de aquel viaje familiar, al peque�o le diagnosticaron un c�ncer agresivo. La llamada de Juegaterapia para invitar a este viaje no fue para Aday, sino para sus hermanos mayores, y lleg� precisamente en la fecha exacta en la que se cumpl�a el primer aniversario de su fallecimiento. "Mi hija siempre me ped�a volver a Disney, pero yo me negaba porque fuimos justo antes del diagn�stico y no quer�a regresar sin mi ni�o. Que llamaran exactamente ese mismo d�a fue como una se�al de: 'Venga, id', una oportunidad para construir nuevos recuerdos", relata Patricia con los ojos rojos mientras ense�a fotos de su hijo en su primer viaje a Par�s.Los ni�os en frente del mundo fant�stico de 'Frozen'.EL MUNDOEl duelo de la familia es ahora silencioso. Marcos, el hermano mayor, carga a sus diez a�os con un peso psicol�gico: cuando ten�a solo siete a�os se convirti� en el donante de m�dula de su hermano peque�o en el primer trasplante. Al ver que Aday no sobrevivi�, el ni�o desarroll� "un sentimiento de culpa tremendo", pensando que "su sacrificio no hab�a servido para nada, mientras que la hermana menor sufre por no haber tenido la oportunidad de intentar ayudarlo", explica su madre.En este viaje a Par�s, Marcos no se separ� ni un solo instante de un coj�n de Hulk que tiene la cara de su hermano peque�o. Lo llev� a todas partes, y cuando su madre le advirti� de que deb�a dejarlo un momento para no perderlo en una atracci�n, "el ni�o se qued� en silencio durante una hora, antes de volver a sonre�r y jugar", relata Patricia mientras ve a su hijo patear una pelota con un amigo al fondo.Para la mujer, la experiencia ha sido una prueba muy dif�cil: "Me he pasado todo el viaje llorando, sobre todo con las carrozas y el espect�culo de la noche, que eran las partes favoritas de mi hijo", confiesa, agradeciendo el soporte constante de la psic�loga de la fundaci�n que la atiende de forma gratuita en Madrid, facilitando incluso sesiones por videollamada. "Lo bonito de la asociaci�n es que no te abandonan aunque haya pasado un a�o. Al principio me ech� a llorar y les dije que no pod�a aceptar el viaje, que esto deb�a ser para ni�os en tratamiento activo, pero me dijeron que los hermanos tambi�n se lo merecen", relata sobre el momento en el que les llamaron.Al concluir la primera jornada de diversi�n, la del martes, los ni�os se sentaron en el suelo en una zona reservada a la espera del espect�culo de fuegos artificiales que cierra el parque de atracciones. Esperando se encontraba Roberta con su t�o Alfonso. Para ellos el regreso a Madrid implica volver a las revisiones peri�dicas en La Paz y a la rutina de su nuevo colegio en la capital, ya que la ni�a es gaditana, pero con su familia se ha tenido que mudar para recibir el tratamiento necesario. Para otras personas, el regreso supone continuar con las anal�ticas y los ingresos, pero el impacto de este viaje permanece ya en sus c�maras y su memoria. Los que est�n detr�s de la iniciativa han logrado suspender en el tiempo el peso de la enfermedad oncol�gica, demostrando que detr�s de cada diagn�stico est� la fuerza de unos ni�os que durante dos d�as se han olvidado de todo y han sido felices bajo el cielo de Par�s.
Del hospital al castillo de la Bella Durmiente, un grupo de ni�os madrile�os con c�ncer viajan a Disneyland Par�s: "S� que esto es real, pero parece un sue�o... no me lo creo"
Sentada en una de las mesas del Royal Banquet, uno de los restaurantes principales de Disneyland Par�s y sujetando una peque�a c�mara de fotos blanca, Roberta hablaba con su...







