Las caras de curiosidad de los vecinos de Calonge i Sant Antoni desde cualquier punto de sus más de 33 km2 de superficie fueron mutando en rostros de preocupación a medida que el incendio que prendió en Sant Pol (La Bisbal d’Empordà) ayer por la mañana avanzaba hacia los dominios calonginos. Y se transformaron en angustia e incertidumbre ante unas llamas que, una vez oscureció, dibujaban un paisaje sobrecogedor. El fuego, desbocado, acorralaba fincas y casas. Era, en palabras de varios afectados, como estar en el infierno.

Ha sido una noche en vela, de esas que dejan sin aliento. Nadie ha podido dormir. El cielo parecía una herida abierta que no paraba de sangrar llamas. La afectación alcanzó la montaña de Can Mont –a unos 280 metros de altitud– y tuvo impacto en las urbanizaciones de Cabanyes, Mas Toi y Mas Ambròs. Entre las tres, hay más de 1.100 parcelas. Las imágenes desde el centro histórico de Calonge, desde otras zonas residenciales en altitud o desde el paseo marítimo helaban el corazón.

El pabellón se habilitó para acoger a 200 vecinos afectados por la proximidad del fuego a sus casasAunque no hubo evacuaciones, los habitantes de las áreas en las que veían el fuego cerca se fueron de sus domicilios, con dolor e impotencia. Los incendios no negocian ni entienden de treguas, y a veces se adueñan de lo que quieres y de lo que tanto esfuerzo te ha costado. Ha habido más de una decena de viviendas afectadas, principalmente jardines. Hábil y preventivamente, varios vecinos encharcaron los exteriores de sus domicilios.