Noticia Exclusivo suscriptores La catástrofe alteró el tablero político, frenó las reformas y convirtió la reconstrucción en el nuevo centro de disputa.Delcy Rodríguez. Foto: Internacional con AFPCORRESPONSAL DE EL TIEMPO EN CARACAS04.07.2026 13:20 Actualizado: 04.07.2026 13:20

A seis meses de la captura de Nicolás Maduro, Venezuela se enfrenta a una crisis política a dos bandas: por un lado, la deficiente respuesta del Gobierno para atender el doble terremoto que azotó al norte del país la semana pasada, y por otro, la inconstitucionalidad del interinato de Delcy Rodríguez. LEA TAMBIÉN Para una nación que acumulaba décadas de desgaste bajo el modelo represivo del chavismo, la catástrofe -cuyo último parte oficial es de 2.649 muertos hasta el viernes y 12.666 heridos-, se convirtió en la prueba definitiva de un cuerpo social e institucional en fase terminal.Nicolás Maduro fue capturado el 3 de enero de 2026. Foto:Archivo particular y EFEMientras Rodríguez decretó una semana de luto nacional, en un intento por proyectar control territorial, las costuras del régimen quedaron totalmente expuestas. Y, por eso, el dilema en los despachos internacionales ya no es si el chavismo puede sostenerse sin uno de sus históricos líderes, sino quién va a financiar la supervivencia de los millones de venezolanos atrapados en el fuego cruzado de la geopolítica.En especial, porque el eje sobre el que gira el futuro inmediato del país se debate con crudeza en los pasillos de Washington. Recientes filtraciones publicadas por el medio estadounidense Axios revelan que la administración de Donald Trump mantiene una postura de pragmatismo y desconfianza hacia los actores locales, pero tampoco considera oportuno el momento para respaldar a la oposición. LEA TAMBIÉN Los documentos filtrados esta semana, citando a una fuente directa de la Casa Blanca, señalan que EE. UU. mira con recelo a María Corina Machado, pues considera que la líder opositora carece del soporte interno necesario para cohesionar una transición estable e incluso califican de “oportunistas” algunos de sus movimientos tras los terremotos, con los cuales intentó ingresar sin éxito a Venezuela.Entre tanto, el doble sismo agravó críticamente el colapso de los servicios de agua y luz, dejando las barriadas en una precariedad inédita cuando los expertos calculan que el país requiere una inyección inmediata de entre 5.000 y 8.000 millones de dólares para la reconstrucción básica de infraestructura y la atención de la emergencia.En rueda de prensa el jueves en la noche, Delcy Rodríguez, acompañada de su hermano Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional; y de Diosdado Cabello, ministro del Interior, anunció la creación de un fondo de 200 millones de dólares proveniente del dinero que se encuentra en el Fondo Monetario Internacional (FMI), con el fin de reconstruir la infraestructura.Delcy Rodríguez, encargada de Venezuela, militarizó La Guaira, la zona más afectada por los sismos. Foto:AFP / EFELa advertencia es que el destino de esos fondos sigue en disputa entre agencias de la ONU, fideicomisos supervisados por organismos multilaterales y el férreo control social que el brazo ejecutivo del chavismo ejerce en el terreno. LEA TAMBIÉN Una tragedia sin respuesta efectivaConstatado por EL TIEMPO, así como por periodistas independientes que estuvieron en el lugar del desastre, la respuesta estatal a los sismos fue deficiente y expuso la falta de recursos y preparación para este tipo de emergencias.Luego de 24 horas, algunas zonas seguían sin recibir ayuda vital. Los muertos sobresalían de las edificaciones colapsadas y los gritos de auxilio bajo los escombros desesperaban a los sobrevivientes que, con sus propias manos, intentaban retirar el concreto y las vigas para salvar vidas.En paralelo, comenzaron a multiplicarse las críticas por la militarización de la emergencia, especialmente en La Guaira. Habitantes y organizaciones locales relataron que el acceso a algunos sectores fue restringido por efectivos armados bajo el argumento de preservar el orden público, mientras vecinos denunciaban retrasos en las labores de rescate y dificultades para ingresar ayuda humanitaria o apoyo voluntario a las comunidades afectadas.Cuatro policías fueron capturados por presuntamente haber robado durante las labores de rescate. Foto:AFP y captura redes socialesA ello se sumaron acusaciones, difundidas por residentes y periodistas en terreno, sobre presuntos saqueos a viviendas y cobros irregulares por servicios de transporte, seguridad o remoción de escombros. Aunque las autoridades negaron que se tratara de prácticas sistemáticas, los testimonios han profundizado la desconfianza hacia la actuación estatal en las zonas devastadas y alimentado la percepción de que la tragedia también fue utilizada para reforzar mecanismos de control territorial en un momento de extrema vulnerabilidad social. LEA TAMBIÉN Con el paso de los días, fueron los rescatistas internacionales quienes prestaron el principal apoyo a las comunidades, logrando salvar vidas aun cuando por el tiempo transcurrido parecía imposible.Ejemplo de ello fue el caso de Hernán Gil, un vigilante que quedó atrapado en un sótano y fue rescatado pasados ocho días de la tragedia. “Es un milagro”, dijo su esposa a los medios de comunicación.Sin embargo, Rodríguez acusó a la prensa de “miserable” y de ser corresponsable de la creación de una “matriz” de opinión para señalar que no se había atendido a las víctimas rápidamente.Venezolanos ven un futuro inciertoA la par de estos rescates, quienes miran con tristeza los escombros, ven un futuro incierto. “¿Qué va a pasar con nosotros? Soy damnificada de la tragedia de 1999 aquí en La Guaira (un deslave acabó con más de 10.000 vidas) y ahora, nuevamente, otra catástrofe natural. Al gobierno le digo: ¿Qué va a pasar con todos nosotros? Somos seres humanos”, relató una mujer a los periodistas.Una víctima de los dos terremotos en Venezuela sentada junto a sus pertenencias empaquetadas. Foto:AFPAndreas Spaett, coordinador de Médicos Sin Fronteras (MSF) en Venezuela, advierte justamente que más allá de la atención inicial se debe pensar en el futuro.“Vemos que aumenta la necesidad en distintos lugares donde hay personas sin refugio, como campos improvisados donde la gente se reúne, pero que carecen de una asistencia sanitaria realmente estructurada”, explica al relatar que hay muchas personas sin abrigo en la calle.“Vemos muchas necesidades básicas: agua, comida, gente que tiene necesidad de ropa porque tuvo que salir de sus casas y no ha podido regresar”, relata al advertir que un aspecto que no hay que olvidar es la salud mental. LEA TAMBIÉN “Estamos planificando clínicas móviles para responder a estas necesidades, brindar atención sanitaria básica en estos lugares e integrar también un apoyo psicológico para la gente traumatizada que se encuentra sin nada”, puntualiza.Una crisis que altera la agenda del poderFrente a este panorama, el politólogo Gabriel Flores señala que, si bien hablar de política en medio de un duelo colectivo exige prudencia para evitar instrumentalizar el sufrimiento de miles de familias, es innegable que las grandes catástrofes redefinen los incentivos de quienes ejercen el poder.Delcy Rodríguez y María Corina Machado. Foto:Internacional“Desde la perspectiva del análisis de la agenda del poder, los terremotos constituyen un acontecimiento crítico que desplazó de forma abrupta los temas que dominaban el debate público”, dice Flores.Y es que, apenas unos días antes del desastre, el hecho político más relevante del año venía siendo la sorpresiva llegada a Caracas de la opositora Dinorah Figuera el pasado 18 de junio, tras ocho años de exilio y con el respaldo explícito del Departamento de Estado de EE. UU. para encabezar un proceso de negociación formal.Su arribo prometía abrir un canal institucional inédito entre la Asamblea Nacional electa en 2015 y la instalada en 2026, marcando el inicio de la estrategia de tres fases planteada por la administración de Donald Trump y el secretario de Estado Marco Rubio: estabilización, recuperación económica y normalización democrática mediante elecciones competitivas.Sin embargo, la emergencia después del terremoto barrió con la discusión sobre las reformas electorales y del poder judicial. La cúpula oficialista encontró un argumento políticamente sólido para congelar el tablero: reconstruir el país antes de abrir cualquier ciclo de reformas institucionales. LEA TAMBIÉN De acuerdo con el análisis de Flores, este comportamiento responde a tres incentivos políticos clásicos del sector oficial en contextos de emergencia: el uso de la crisis humanitaria como justificación socialmente comprensible para postergar negociaciones incómodas, la ampliación de las facultades del Ejecutivo y el control comunicacional mediante estados de excepción.Asimismo, obedece a la búsqueda de un efecto transitorio de cohesión ciudadana en torno al liderazgo que ejerce la gestión de la catástrofe, un respaldo que, no obstante, suele transformarse en severo desgaste si la respuesta gubernamental sigue percibiéndose como tardía o discriminatoriaRescatistas mexicanos entregan el cuerpo de un niño recuperado de los escombros de un edificio. Foto:AFPLa mayor incógnita sigue siendo si el doble terremoto acelerará o congelará cualquier intento de transición. Mientras Washington mantiene sus reservas frente a la oposición y el oficialismo utiliza la reconstrucción como prioridad política, millones de venezolanos permanecen atrapados entre una emergencia humanitaria inmediata y un horizonte institucional cada vez más incierto.Ana María Rodríguez Brazón - Corresponsal Caracas - EL TIEMPO Sigue toda la información de Internacional en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.