El 26 de junio, dos días después del doblete sísmico que mató a más de 1.400 venezolanos, Delcy Rodríguez publicó desde su cuenta en X una serie de mensajes que habrían resultado impensables apenas meses atrás. En uno, informó que había recibido una llamada de Donald Trump y Marco Rubio, quienes ratificaron el respaldo estadounidense con el envío de rescatistas, equipos especializados y ayuda humanitaria, y agradeció lo que describió como "un gesto de amistad y cooperación".

En otro, dirigido directamente al hombre que el chavismo había demonizado durante años como emblema del capitalismo más descarnado, escribió en inglés: "Gracias, @elonmusk y al equipo de @Starlink, por brindar conectividad gratuita a los afectados por los terremotos en Venezuela. Cada conexión cuenta en momentos como estos." La presidenta encargada de la Venezuela post-Maduro agradeciéndole a Trump y a Musk. El símbolo era demasiado potente para ignorarlo.

El terremoto destapó

El 24 de junio, dos sismos de 7,2 y 7,5 grados ocurrieron con 39 segundos de diferencia durante las celebraciones de la batalla de Carabobo. Fue el peor desastre natural en Venezuela en más de un siglo. Y encontró a un Estado desnudo.

Los sobrevivientes excavaron entre los escombros con sus propias manos. Los únicos que bajaron a ayudar en las primeras horas fueron los motorizados, al correrse la voz de que el Estado no estaba en el terreno. El Ejército no se desplegó con fuerza hasta el viernes, cuando la situación ya se había salido de control. Mientras tanto, comercios, farmacias y viviendas eran desvalijados, y crecían las denuncias contra policías y militares acusados de sumarse a los saqueadores. En videos que circularon en redes sociales, soldados permanecían de pie, indiferentes, mientras la población clamaba por ayuda.