Recientemente leí que, hace unos treinta años, la gente en general tenía que lidiar con jefes autoritarios que disfrazaban exigencias fuera del horario regular o presión laboral, como incentivos para ayudar al empleado a conseguir un mejor desarrollo profesional, pero ahora ya no hace falta ese tipo de jefes. Ya no hace falta la voz perturbadora de otro que nos atormente, ahora somos nosotros quienes nos autosaboteamos, nos exigimos hasta romper nuestra salud mental y nos lastimamos emocionalmente hasta que nos desbordamos y ya no podemos más que caer en el agotamiento o estrés extremo lastimando un poco o mucho nuestra autoestima, pero ¿por qué?Tal vez, la respuesta más simple sea porque todo gira en torno al dinero y todos tenemos cuentas mensuales que pagar. Cuando era niña, ser adulta significaba tener libertad de acción y movimiento, pero no entendía que la libertad es un concepto complejo o que la libertad tiene un precio, como todo en la vida. Ya lo dijo en 1929 Virginia Wolf cuando escribió en un ensayo que la mujer debe tener dinero y una habitación propia (con cerradura) si quiere escribir ficción o dedicarse al desarrollo intelectual. Es complicado hacer ese dinero que brinde libertad y al mismo tiempo tratar de disfrutar la vida porque cuando muera tengo claro que no me llevaré ni un centavo, aunque las redes sociales nos digan lo contrario, ellas tratan de hacernos creer que el éxito está relacionado con el agotamiento extremo, dicen que si descansas estás haciendo las cosas mal.De esta manera, he notado últimamente que desde los videos cortos en redes sociales aparece gente diciéndonos cómo debemos vivir. Por ejemplo, dicen que debo despertar y hacer una rutina de cuidado para el rostro, comer saludable, hacer ejercicio de fuerza y cardio, tomar un sinfín de vitaminas “para mi edad”, también debo ser productiva, generar dinero, si es semanal, mejor; también debo “cuidarme” que es la forma instagrameable de decir que debo verme delgada, sin arrugas y sin canas porque una mujer debe verse deseable, pero no vulgar, maquillada, pero sin excesos, inteligente, pero no tanto que intimide a alguien, empoderada, pero sin descuidar al marido, debemos tener determinación, pero ser dulces y suavecitas en casa, ejecutivas imperturbables, pero madres responsables y a veces no se puede, otras veces llegamos a una edad (como la mía) en la que deja de importarnos hacer lo que otros dicen, pero eso no quiere decir que la vocecilla interna se apague, esta sigue saboteándonos y con eso es contra lo que debemos luchar.Por tanto, es necesario bajar el ritmo, organizar las prioridades y reconocer las cosas que sí hacemos bien. Las facturas deben seguir pagándose y es necesario generar ese ingreso, pero la vida no se nos puede ir en ello, es fundamental aprender a silenciar esa voz enemiga que trata de hundirnos y hacernos olvidar las cosas buenas que hemos logrado. Además nadie puede obligarnos a encajar en un molde. Corolario, me quedo con las palabras de Maya Angelou: “El éxito consiste en quererte a ti mismo, en que te guste lo que haces y en que te guste cómo lo haces”. (O)