El pasado lunes, en portada, La Vanguardia anunciaba que “España encara un gran salto hotelero con 500 nuevas aperturas hasta 2030”; en el interior, advertía, sin embargo, que “La entrada de grandes marcas se frena en Barcelona por la falta de oferta disponible”. Contrariamente a lo que podría parecer, la primera es una mala noticia, mientras que la segunda es buena.España y Catalunya tienen un gravísimo problema de productividad. No de competitividad, que ni es lo mismo ni se le parece, sino de productividad. La competitividad puede conseguirse a base de salarios bajos, mientras que la productividad, que es lo que se produce por cada hora trabajada, es lo que permite pagar salarios altos. De hecho, la mejor forma de entender la productividad de una actividad económica es como la suma de los salarios que paga, los impuestos que soporta y los beneficios que genera.El turismo de la ciudad de Barcelona es mucho más productivo que el de sol y playaEl problema de la productividad catalana está muy localizado –pero no exclusivamente– en su turismo. Un dato será suficiente para entenderlo: la productividad catalana es un 10% menor que la vasca, pero la productividad de la industria catalana es un 3% más alta que la de la industria vasca.El turismo tiene, en Catalunya, una productividad que es la mitad que la de la industria, por lo que el turismo sólo puede generar beneficios a base de pagar salarios bajos (una tercera parte menos que la industria) y pocos impuestos (los hoteles pagan un IVA reducido y los HUTS no pagan). Se deduce que cuanto más crezca el turismo, menos crecerá la productividad del conjunto.Sin embargo, el turismo de la ciudad de Barcelona es mucho más productivo que el de sol y playa, y lo es porque la oferta está limitada muy por debajo de la demanda potencial. Por este motivo, los hoteles de Barcelona son significativamente más rentables que los de Madrid (el rendimiento medio por habitación de los últimos tres meses ha sido, respectivamente, de 168 y 141€). La eliminación de las licencias de HUTS en la ciudad –que soportan una tercera parte de las pernoctaciones que tienen lugar en ella–, prevista para el 2028, disparará los precios de las habitaciones en Barcelona justamente porque la ciudad quedará al margen del “gran salto hotelero” previsto.¿Es bueno que suban los precios de las habitaciones de Barcelona? No sólo es bueno, sino imprescindible. Sólo un turismo que cobre precios elevados será capaz de pagar buenos salarios y soportar impuestos similares a cualquier otra actividad económica sin entrar en pérdidas.El turismo de la ciudad está muy lejos de lo que debe ser en casi todos los ámbitos, empezando por el económico, pero como mínimo lo tenemos bien encarado: hacia menos turistas y más ingresos por turista. No podemos decir lo mismo del turismo de sol y playa catalán, caracterizado por una productividad bajísima, pero esto ya es harina de otro costal.