Los próximos 7 y 8 de julio se celebrará en Ankara la reunión de alto nivel de la OTAN en medio de serias tensiones entre EEUU y sus aliados europeos, más Canadá. La Administración Trump continúa presionándolos para que aumenten sus gastos en defensa, especialmente orientados a comprar más armas estadounidenses, al tiempo que Washington quiere mantener el control sobre su utilización.

Paralelamente, la Casa Blanca no ofrece garantías de seguridad al Gobierno de Ucrania y a los europeos en caso de que se llegase a un improbable acuerdo con Rusia sobre la guerra. Washington sigue esperando que Kiev acepte las condiciones de Moscú.

Por otra parte, el Memorándum de Entendimiento entre Washington e Irán es cada vez más frágil, el estrecho de Ormuz sigue cerrado y Trump repite sus críticas a los aliados por no apoyarle en su guerra con Israel contra Teherán.

Frente a esta complejidad, el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, presiona a los europeos y canadienses para que se comprometan a comprar más armas estadounidenses en el marco de continuar aumentando el gasto en defensa, una medida que va en contra de fortalecer la independencia estratégica europea y de Canadá.

La única preocupación de Rutte es no perder a EEUU. Pero la Administración Trump no cesa de lanzar ofensivas: aranceles, tomar Groenlandia, interferencias en favor de las ultraderechas en las elecciones europeas, y amenazas a algunos gobiernos, incluyendo el español.