NoticiaEn un antiguo botadero de la mina del Cerrejón funciona un laboratorio a cielo abierto donde ya han producido maíz, fríjol, patilla, melón y ahuyama.Cerrejón desarrolla una granja experimental en La Guajira para comprobar qué cultivos y sistemas ganaderos pueden prosperar sobre terrenos rehabilitados. Foto: Jhon Jairo Perez | EL TIEMPOPERIODISTA DE MEDIOAMBIENTE Y SALUD03.07.2026 20:04 Actualizado: 03.07.2026 20:04
En un antiguo botadero de Cerrejón, donde hace más de dos décadas se depositaba el material sobrante de la extracción de carbón, hoy crecen cultivos de maíz, fríjol, patilla, ahuyama, melón, sorgo y árboles frutales. La compañía puso en marcha un experimento para determinar qué usos productivos podrían tener las tierras rehabilitadas cuando la mina cierre y sean entregadas al Estado. LEA TAMBIÉN Donde hace 40 años comenzaron las primeras excavaciones de carbón de Cerrejón, en el departamento de La Guajira, hoy el paisaje es otro. En lugar de montañas de roca removida, el terreno está cubierto por vegetación y parcelas agrícolas en las que ya se cosechan alimentos.Proyecto de granja experimental de Cerrejón. Foto:Jhon Jairo Perez | EL TIEMPOEl lugar se conoce como Granja Experimental Manantial, un proyecto piloto de cinco hectáreas que busca responder una pregunta clave para el futuro de La Guajira: ¿qué tan productivas pueden ser las tierras donde alguna vez hubo minería?La iniciativa hace parte de la estrategia de rehabilitación ambiental que desarrolla Cerrejón desde hace décadas y pretende generar evidencia científica sobre los posibles usos agrícolas y pecuarios de los terrenos recuperados, de manera que cuando la operación minera concluya y las áreas reviertan al Estado exista información técnica sobre qué actividades pueden desarrollarse allí sin comprometer su sostenibilidad.“Estamos investigando la capacidad que tienen estas áreas en rehabilitación para ser productivas. Queremos poder entregar al Estado colombiano no solamente tierras restauradas desde el punto de vista ambiental, sino también con conocimiento sobre sus capacidades productivas”, explica Juan Pablo Lozano, gerente de Gestión Ambiental de Cerrejón.Hasta ahora, todas las pruebas agrícolas han sido exitosas. Foto:Jhon Jairo Perez | EL TIEMPOUna rehabilitación que empieza antes de extraer el carbónEl proyecto de la granja es apenas la etapa más reciente de un proceso que, según la empresa, comienza incluso antes de iniciar la explotación minera. Lozano explica que el elemento más valioso para recuperar un terreno es el suelo orgánico, una capa que tarda miles de años en formarse y que no puede fabricarse artificialmente.Por esa razón, antes de remover la tierra para buscar carbón, Cerrejón identifica el espesor del suelo fértil, lo retira y lo almacena en bancos especiales para reutilizarlo cuando llega el momento de rehabilitar las áreas intervenidas.Durante más de tres décadas de operación, la empresa asegura haber preservado más de 45 millones de metros cúbicos de suelo en más de 30 bancos distribuidos cerca de los frentes mineros. De ese volumen ya se han utilizado alrededor de 15 millones de metros cúbicos en procesos de recuperación.Una vez concluye la explotación en un sector, el terreno pasa por varias etapas. Primero se remodela el relieve para reducir las pendientes y disminuir el riesgo de erosión durante las fuertes lluvias. Después se redistribuye el suelo fértil en capas de aproximadamente 30 centímetros y se siembran pastos que estabilizan el terreno antes de introducir especies arbóreas. LEA TAMBIÉN Actualmente, la compañía utiliza más de 60 especies nativas del bosque seco tropical, sembradas de manera gradual para reproducir la sucesión natural de este ecosistema.Juan Pablo Lozano, gerente de Gestión Ambiental de Cerrejón. Foto:Jhon Jairo Perez | EL TIEMPOEl laboratorio donde todo se pone a pruebaCon más de 5.400 hectáreas en proceso de rehabilitación, Cerrejón decidió dar un paso adicional: averiguar si esas tierras también pueden sostener actividades productivas compatibles con la conservación.Así nació la Granja Experimental Manantial, un proyecto de investigación de tres años que actualmente completa su segundo año de funcionamiento.Antes de ponerla en marcha, la empresa trabajó durante cerca de una década con cinco comunidades vecinas para conocer sus prácticas agropecuarias, identificar problemas como la compactación de los suelos o las quemas agrícolas y entender cuáles eran los cultivos de mayor interés para los habitantes de la región.Con esa información comenzaron los ensayos. Cada una de las cinco hectáreas de la granja funciona como una parcela experimental donde se evalúan distintos cultivos bajo las mismas condiciones climáticas que enfrentan las comunidades de La Guajira.Hasta ahora se han sembrado patilla, maíz, fríjol, ahuyama, sorgo, melón, árboles frutales y diferentes variedades de pastos. En la siguiente fase se incorporarán pruebas con ganadería caprina y ovina. Los resultados, por ahora, han sorprendido incluso a los responsables del proyecto.“Todo lo que hemos sembrado nos ha dado”, afirmó Lozano.Patilla producida en la granja experimental de Cerrejón. Foto:Jhon Jairo Perez | EL TIEMPODurante el primer año, una sola hectárea sembrada con maíz, fríjol, patilla y ahuyama produjo alrededor de 4,5 toneladas de alimentos, según explicó Elkin Arciniegas, analista de coberturas vegetales y responsable técnico de la granja.Ese resultado, señala, demuestra que no siempre se requieren grandes extensiones para obtener producción agrícola si se manejan adecuadamente los suelos.¿Qué cultivos funcionan y cuáles vienen ahora?Los investigadores no buscan sembrar cualquier especie. La selección depende de la calidad del suelo rehabilitado, las condiciones climáticas del bosque seco tropical y, sobre todo, de las necesidades de las comunidades vecinas.Por eso los ensayos se han concentrado en cultivos tradicionales de pancoger como maíz, fríjol, patilla, melón y ahuyama, además de frutales.También se estudian diferentes variedades de pastos adaptados a la región, entre ellos Mombasa, Tanzania, Guinea, Buffel y Miyagi, para determinar cuáles ofrecen mejor rendimiento y cuál es la forma más eficiente de reproducirlos, ya sea mediante semillas o estolones.La siguiente etapa incorporará un componente pecuario. Para ello ya se construye un aprisco destinado al manejo semiestabulado de cabras y ovejas, con el propósito de evaluar cuántos animales puede soportar cada hectárea sin degradar el suelo y cómo aprovechar integralmente el sistema productivo, incluyendo el uso del estiércol como fertilizante.El objetivo es generar modelos que posteriormente puedan replicarse en las comunidades. LEA TAMBIÉN Zona de cultivo y restauración donde está ubicada la granja. Foto:Jhon Jairo Perez | EL TIEMPOAunque los cultivos han mostrado buenos resultados, el verdadero desafío sigue siendo el clima de La Guajira. La región presenta largos periodos de sequía y concentra cerca del 70 % de sus lluvias entre septiembre y comienzos de diciembre.Eso obliga a planear cuidadosamente las siembras y a evaluar qué especies soportan mejor la disponibilidad limitada de agua. Precisamente uno de los propósitos de la granja es medir esa resistencia para definir cuáles alternativas productivas son realmente sostenibles en el largo plazo.La investigación también busca establecer cuánta carga ganadera pueden soportar los terrenos rehabilitados sin que vuelvan a degradarse.Más allá de la conservaciónEl proyecto responde también a una preocupación práctica. Cuando Cerrejón cierre definitivamente su operación, las tierras rehabilitadas pasarán nuevamente a manos de la Nación.Aunque los compromisos ambientales de la empresa apuntan a devolverlas como ecosistemas restaurados, Lozano reconoce que muchas comunidades vecinas dependen históricamente de actividades agrícolas y pecuarias.Por eso considera necesario ofrecer información técnica que permita tomar decisiones sobre los usos futuros del territorio. LEA TAMBIÉN Elkin Arciniegas (der.), analista de coberturas vegetales y responsable técnico de la granja. Foto:Jhon Jairo Perez | EL TIEMPOLa idea es demostrar, con datos, qué actividades pueden realizarse, cómo deben manejarse los cultivos, cuánta carga animal soporta cada hectárea y qué prácticas ayudan a conservar los suelos en el tiempo.Según el gerente ambiental, ese conocimiento permitirá a las autoridades decidir qué áreas deben mantenerse exclusivamente para conservación y cuáles podrían combinarse con actividades productivas sostenibles.Mientras tanto, en una antigua montaña de estériles donde hace décadas solo había roca removida, la evidencia comienza a acumularse: la tierra que un día produjo carbón hoy también está produciendo alimentos.EDWIN CAICEDOPeriodista de Medioambiente y Salud@CaicedoUcros Sigue toda la información de Vida en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.











