NoticiaComunidades de Nazareth (Uribia) y San Pedro del Perijá (Barrancas) desarrollan huertas, cría de animales y emprendimientos gastronómicos.Con gallinas, cultivos y gastronomía tradicional, Doralma Rosado lidera un emprendimiento de mujeres en Barrancas que busca fortalecer la economía rural. Foto: Jhon Jairo Pérez | EL TIEMPOPERIODISTA DE MEDIOAMBIENTE Y SALUD03.07.2026 20:21 Actualizado: 03.07.2026 20:21
Hace cinco años, Doralma Rosado recibió 39 gallinas. En lugar de venderlas o consumirlas, decidió convertirlas en el punto de partida de un proyecto de bioeconomía rural. Hoy tiene 53 gallinas ponedoras que producen cerca de 45 huevos diarios, alimenta a 80 pollos de engorde y 2 cerdos, y cultiva malanga, yuca y ají. Rosado, de 61 años, hace parte de Sabores y Saberes, una iniciativa que busca fortalecer la economía campesina en el sur de La Guajira. LEA TAMBIÉN Mientras experiencias como la suya se consolidan en el corregimiento de San Pedro del Perijá, municipio de Barrancas, otro proyecto desarrollado bajo la misma apuesta por la producción sostenible acaba de recibir un reconocimiento nacional por su trabajo con comunidades wayú en Nazareth, municipio de Uribia, en la Alta Guajira. Este premio puso en evidencia el impacto que este tipo de iniciativas vienen teniendo en distintas zonas del departamento.“Somos 30 mujeres. Hacemos arroz de coco, pescado, sopa de mondongo, pasteles y muchas comidas típicas”, cuenta Rosado, quien asegura que el acompañamiento de la fundación comenzó con capacitaciones en producción agroecológica, elaboración de abonos orgánicos y entrega de semillas e insumos para fortalecer los proyectos productivos.Doralma Rosado convirtió un pequeño apoyo en una producción de huevos, cultivos y alimentos. Foto:Jhon Jairo Pérez | EL TIEMPOUno de esos apoyos fue la entrega de 39 gallinas ponedoras. Lo que para muchos habría sido una ayuda temporal, para ella se convirtió en el punto de partida de un negocio que continúa creciendo. “Nos dijeron que trabajáramos el proyecto y que lo sacáramos adelante. Hoy tengo 53 gallinas ponedoras y nunca abandoné esa producción”, relata.Con el paso de los años amplió sus actividades. Sembró 15.000 matas de malanga, obtuvo una cosecha de 40 quintales y con las ganancias compró un congelador para facilitar el almacenamiento de los pollos de engorde. “Yo sobrevivo con ellos. A mis hijos les di estudio criando gallinas y especies menores”, afirma.Actualmente obtiene cerca de 45 huevos diarios, vende pollos de engorde y mantiene cultivos de yuca, ají, cebollín y batata que nacieron a partir de las semillas entregadas durante el acompañamiento de la Fundación Alpina. “Nos dieron semilleros y semillas de ají, cebollín y yuca. Yo no he abandonado ninguna de esas siembras”, dice. LEA TAMBIÉN Su historia también refleja uno de los principales desafíos de la producción agrícola en el departamento: la escasez de agua. Rosado recuerda que cuando llegó a San Pedro del Perijá, hace cuatro décadas, los ríos y arroyos mantenían caudales permanentes. Hoy la realidad es distinta.“Todos los arroyos se han ido secando. Desde 2010 para acá ese problema ha empeorado mucho”, asegura.La disminución de las lluvias ya afecta cultivos como el aguacate, el plátano y el guineo. Por eso considera fundamental que los proyectos productivos incorporen sistemas de almacenamiento, bombeo y riego que permitan mantener la producción durante las épocas de sequía.Aun así, rechaza la idea de que La Guajira sea únicamente un territorio desértico. “Sí se puede hacer agricultura. Si uno no abandona de sembrar yuca, maíz, plátano o guineo, siempre tiene producción”, sostiene.El modelo hace parte de los programas que Fundación Alpina desarrolla en el departamento. Foto:Fundación AlpinaPara ella, permanecer en el campo nunca ha estado en discusión. “No me voy de mi Guajira. Aquí tengo mis animales, mis cultivos y vivo feliz”, dice.Historias como la de Doralma son algunas de las experiencias que hacen parte del trabajo que la Fundación Alpina viene desarrollando en distintas zonas del departamento para fortalecer iniciativas de bioeconomía, seguridad alimentaria y emprendimientos rurales.Ese trabajo recibió recientemente un nuevo impulso con el reconocimiento a las buenas prácticas de desarrollo sostenible otorgado por la Red del Pacto Global Colombia y la Cámara de Comercio de Bogotá al proyecto “Huertas agroecológicas para el fortalecimiento de medios de vida”, desarrollado en comunidades wayú del corregimiento de Nazareth, en la Alta Guajira.La iniciativa, enfocada en fortalecer los sistemas agroalimentarios locales, trabaja con 170 familias de diez comunidades y busca garantizar el acceso a alimentos de alto valor nutricional, recuperar cultivos tradicionales y promover prácticas agroecológicas que permitan enfrentar los efectos del cambio climático. LEA TAMBIÉN La iniciativa de la Fundación Alpina fue premiada por su aporte al Hambre Cero. Foto:Fundación AlpinaSegún la Fundación Alpina, el proyecto logró reducir en un 70 % el número de productores que no tenían acceso a agua potable, aumentar el consumo de alimentos nutritivos y fortalecer los ingresos familiares mediante grupos de ahorro y nuevos puntos de comercialización. Además, impulsó el liderazgo femenino: hoy las mujeres participan en el 61 % de las decisiones comunitarias y lideran asociaciones locales.Aunque se trata de proyectos alejados por cientos de kilómetros, tanto la experiencia de Doralma Rosado en el sur de La Guajira como el trabajo desarrollado en Nazareth hacia el norte comparten un mismo propósito: demostrar que el fortalecimiento de las capacidades productivas, la recuperación de los saberes locales y el aprovechamiento sostenible de la biodiversidad pueden convertirse en una alternativa real para generar ingresos y construir comunidades más resilientes en uno de los departamentos con mayores retos sociales y climáticos del país.EDWIN CAICEDOPeriodista de Medioambiente y Salud@CaicedoUcros Sigue toda la información de Vida en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.







