Luces para la Constituci�nAnte su temprana vocaci�n de escritor, su padre, el jurista Joaqu�n Garrigues, le aconsej� que fuera diplom�tico, que le dar�a vivencias para sus libros. No se equivocaba. Ex c�nsul en Los �ngeles y Puerto Rico, es experto en las relaciones entre Espa�a y EEUUYaiza SantosActualizado Viernes,
julio
22:39�C�mo va a celebrar Espa�a el 250� aniversario de EEUU?De momento, sin una celebraci�n oficial, a diferencia de lo que ha ocurrido en Estados Unidos, donde hay una comisi�n que tiene previstas diversas actividades, entre ellas, destacar los lugares m�s importantes que hubo para la independencia. Sorprendentemente, de momento no he visto ninguna referencia a Espa�a. Lo que s� ha habido son varias instituciones, como la Fundaci�n Ram�n Areces, que se han ocupado del tema. Yo mismo he dirigido una jornada de dos d�as sobre un tema desconocido, que es el paralelismo entre los valores de la Escuela de Salamanca y los enunciados de la Declaraci�n de Independencia. Hay un hilo conductor clar�simo. Ya exist�an en Salamanca, hace 500 a�os, los conceptos de respeto al individuo o de rebeli�n contra el tirano. Pero no, no hay una declaraci�n oficial en la que se destaque la imprescindible ayuda de Espa�a a la independencia de Estados Unidos.Justamente ese papel es lo que ha defendido en sus libros. �Por qu� est� silenciada esa historia?Hay varias explicaciones. La primera es que, en el fondo, los l�deres rebeldes hab�an heredado en gran parte los estereotipos antiespa�oles que hab�an estudiado en las universidades inglesas. Luego, hab�a razones objetivas: Espa�a, de aliado imprescindible, se convirti� en un vecino incomod�simo. Una de las principales razones de pedir la independencia es que los estados de la costa atl�ntica quer�an la expansi�n hacia el oeste. La corona inglesa lo cort�, porque no quer�a que hubiera una dispersi�n de los colonos, que eran bastante pocos, y porque no ten�an fuerza para defenderse de los indios hostiles. Esa fue una de las facetas importantes por las cuales iniciaron la guerra. Por otro lado, Francia dud� menos que Espa�a a la hora de ayudar a las colonias. En la Guerra de los Siete A�os, Francia hab�a perdido todas sus posesiones en Am�rica septentrional, mientras que Espa�a no, as� que la reacci�n, cuando Benjam�n Franklin y su equipo llegaron a Par�s, fue inmediata. No ten�an nada que perder. En cambio, cuando el conde de Aranda transmiti� la petici�n de Franklin de hacer un tratado y declarar inmediatamente la guerra a Inglaterra, el Gobierno de Carlos III se neg� al principio, por temor a la ruptura con Inglaterra. Finalmente, el Gobierno de Espa�a facilit� armas, provisiones, uniformes, mantas y financiaci�n, pero bajo cuerda. Eso provoc� que algunos l�deres independentistas considerasen que la ayuda espa�ola no era tan directa y espont�nea. Pero hay que insistir en un hecho: aunque Espa�a sab�a que ayudando a las colonias estaba poniendo en peligro quiz� su propio imperio, en cuanto se firm� el pacto borb�nico y entr� en la guerra, en 1779, las campa�as de G�lvez, tanto en el Misisipi como en el Golfo de M�xico, fueron esenciales. Espa�a consigui� que toda la parte del Golfo no estuviera disponible para la flota brit�nica.Es llamativo que Bernardo de G�lvez ayudara a la independencia de Estados Unidos teniendo en cuenta que Espa�a ten�a tambi�n su imperio ultramar. �Por qu� lo hizo?Al principio, ya digo, no se atrevi� a ayudar del todo ni a reconocer a los l�deres. Algunos historiadores espa�oles muy prestigiosos consideran que ayudar a los Estados Unidos en la guerra fue la peor equivocaci�n pol�tica de Carlos III. Quiz� el conde de Aranda, que no era sospechoso de ser proclive a la rebeli�n ni a la independencia, porque era un arist�crata, tres veces grande de Espa�a, comprendi� que era un momento que no se repetir�a para poder humillar a Inglaterra. Se puso en la balanza el peligro de que fuera contagiosa la independencia con el hecho de que era un momento important�simo y casi �nico de poder atacar y vencer a Inglaterra, como de hecho ocurri�.La independencia de Estados Unidos �no empuj� de alguna manera las independencias del resto del continente?Hasta cierto punto. Lo que ocurri� fue que tanto la Declaraci�n de independencia como la Constituci�n inspiraron en parte a los l�deres de la Am�rica hispana. Francisco de Miranda visit� Estados Unidos y estudi� a fondo su r�gimen pol�tico. Fue como un espejo donde se miraban los l�deres de la independencia de Iberoam�rica.Entiendo que prefiere Iberoam�rica frente a Latinoam�rica, que es algo a�n en disputa.Latinoam�rica se lo han inventado los franceses, que han sido siempre -yo les admiro- muy defensores de su cultura. Por tener unas peque�as posesiones en el Caribe, ya todo el continente se convierte en latino. Es hispano, y la propia comunidad hisp�nica de los Estados Unidos se identifica m�s con el t�rmino hispano que latino.�Cu�l es la importancia fundamental de Bernardo de G�lvez?Los G�lvez, hidalgos pobres de Macharaviaya, en la Axarqu�a (M�laga), fueron important�simos en el Gobierno de Carlos III. A Jos�, el t�o, lo nombraron secretario de Indias, un poder omn�modo. Fue �l el que nombr� a su sobrino Bernardo, primero coronel de regimiento fijo de Nueva Orleans y luego gobernador de la provincia de Luisiana. Pienso que Jos� de G�lvez hab�a intuido que era imposible no entrar en guerra con Inglaterra y situ� all� a su sobrino, con fama de persona activa, valiente y hasta temeraria. Bernardo empez� a echar a los ingleses antes de que se declarase la guerra.A prop�sito de Francia, Lafayette es un h�roe y, sin embargo, a Bernardo de G�lvez no lo conoce nadie.Excepto en las zonas en las que actu�, por ejemplo en Pensacola, con la famosa batalla y victoria. Hab�a razones subjetivas, porque Lafayette se hizo muy amigo -casi se convirti� en un hijo adoptivo- de George Washington. No hubo la misma relaci�n con el embajador que mand� Espa�a, Diego Mar�a Gardoqui, para intentar conseguir lo que no se hab�a conseguido en la Paz de Par�s de 1783, a pesar de sus intentos por acercarse a Washington, incluso mand�ndole unos burros zamoranos que Washington hab�a pedido. Me gusta hacer una historia objetiva sin una tendencia hagiogr�fica. George Washington fue mucho m�s amigo del que hab�a estado como embajador oficioso, Jaime de Miralles, al que incluso organiz� un funeral de Estado. La actitud de Estados Unidos, hay que decirlo de forma directa, y eso se refleja en mi libro El Misisipi en llamas, es ambigua porque los l�deres norteamericanos saben que Espa�a ha colaborado, pero hasta cierto punto les resulta dif�cil reconocerlo. Tienen la espada de Damocles de la frontera del Misisipi, lo que el conde de Aranda llamaba �el antemural de nuestras posesiones�. El r�o era la barrera hacia el oeste, donde eran todo posesiones espa�olas. Era indiscutible que esta situaci�n evolucionar�a en contra de los intereses espa�oles.Luego est� el tema de los migrantes anglosajones en Texas, que ser�an fundamentales en la guerra con M�xico y en la p�rdida del territorio, en la guerra de 1847-1848.Lo que empieza a ocurrir a partir del tratado de San Lorenzo de 1795, con Godoy, es que Espa�a cede territorio y el derecho de exclusividad. Y a partir de ese momento, la zarpa del nuevo Estado se va a ir extendiendo hacia el oeste, primero con la compra de la Luisiana, a la que llaman la operaci�n inmobiliaria m�s importante de la historia. Que conste que el que sustituy� a G�lvez como gobernador de la Luisiana hizo todo lo posible por parar ese flujo de los colonos estadounidenses, pero no lo consigui�. Lo intent� de dos maneras, y est� tambi�n en mi libro, primero pactando con los indios, concretamente con el mestizo McGillivray, y luego a trav�s de James Wilkinson -un traidor reconocido-, que habiendo sido general del ej�rcito de George Washington, propone ceder a Espa�a la soberan�a de Kentucky. Tampoco se consigue. Creo que hubo una falta de visi�n por parte del Gobierno de Espa�a, primero de Carlos III pero sobre todo de Carlos IV, que ten�an que haber hecho lo imposible para parar ese flujo, porque antes o despu�s acabar�a arrollando al resto del continente.�Por qu� en Espa�a no causaron el mismo desgarro, el mismo trauma, las independencias de pa�ses hispanoamericanos respecto a la de Cuba?Era un momento pol�tico diferente y la mayor parte de las provincias eran lejanas. En cambio, en Cuba, la perla del Caribe, hab�a muchos intereses, y era el �ltimo basti�n del dominio espa�ol en Am�rica.�Qu� es lo que m�s le ha sorprendido de Estados Unidos en su carrera como diplom�tico y en las investigaciones que ha hecho?Con Estados Unidos yo tambi�n tengo una relaci�n ambigua. Por ejemplo, estoy absolutamente en contra de las declaraciones y las amenazas del presidente Trump. Me parece inconcebible que un pa�s maduro, con esa potencia de todo tipo, econ�mica, pol�tica y militar, se ponga en manos de una persona que demuestra muy poco equilibrio. Me repele. En cambio, mi experiencia -he vivido tres veces en Estados Unidos, en Nueva York, Los �ngeles y Puerto Rico- ha sido muy positiva. Sigue existiendo, sobre todo en el suroeste, un gran entendimiento entre las dos culturas. En un par de semanas viajo de nuevo a Nuevo M�xico, donde tambi�n he vivido.Ah� en Nuevo M�xico est� la fascinante historia de los hispanohablantes, que no es porque sean migrantes desde M�xico, es que son originarios.�Algunos de 14 generaciones! Las mismas que hay hasta Crist�bal Col�n. Me emocion� descubrir que se conservan tradiciones, como los flagelantes en las procesiones de Semana Santa, en aquel lugar remoto.Pareciera que hay una mala comprensi�n de Estados Unidos en Espa�a -cuando no un abierto antiamericanismo-, tanto cuando hay Gobiernos dem�cratas como cuando hay Gobiernos republicanos, y tanto desde la izquierda como desde la derecha.Aunque parezca mentira, estando tan lejos la �poca del imperio espa�ol, creo que queda el rescoldo de un rencor hacia el pa�s que nos arrebat� la primac�a mundial. Eso contesta tambi�n a la pregunta de por qu� afect� tanto la p�rdida de Cuba. Hay un tema muy interesante, que no est� estudiado, y es que los grandes historiadores que empiezan a ocuparse de la importancia de la ayuda de Espa�a a la independencia estadounidense son los que han vivido la p�rdida de Cuba, como Miguel G�mez del Campillo. Hab�an pasado casi 200 a�os, pero no se hab�a tratado. La p�rdida de Cuba provoca ese inter�s y esa renovaci�n del rencor. En el fondo la pregunta es: �Si nosotros ayudamos a este pa�s a nacer, �por qu� nos est�n sacando del planeta?�. Adem�s, hay cierto resentimiento de que sea a la vez gran potencia y en el fondo poco cosmopolita. Solo el 10% de los estadounidenses tiene pasaporte y ha salido de su pa�s. Pero luego ocurre un contraste: los que son antiamericanos van a ir a vivir all� y se convierten en proamericanos. Porque vivir en Estados Unidos es agradable.�Usted est� de acuerdo con que la democracia estadounidense est� en peligro con Trump?Me resulta dif�cil vaticinar, porque aunque yo conservo el t�tulo de embajador de Espa�a no estoy en relaci�n con las personas que est�n llevando la pol�tica exterior de Espa�a, pero por lo que se lee en los peri�dicos lo que hablo con especialistas, Trump no est� respetando los valores intr�nsecos de ese pa�s. Por ejemplo, lo de Groenlandia es un caso tremendo. Parece mentira que est� reconsiderando todo lo que ha sido la pol�tica exterior, que ha incluido el apoyo y la defensa de Europa, y ahora de pronto pareciera querer salir de la OTAN.El hecho de que no se celebre institucionalmente en el 250� aniversario de Estados Unidos en Espa�a �ser�a distinto con otro gobierno?Si puedo hablar con libertad, dir�a que desafortunadamente la izquierda se desvincula mucho de momentos de nuestra historia que nos favorecen, o bien parece ignorarlos. Para ellos, el tema colonial es tab�, cuando, por ejemplo, en la ayuda a la independencia, est�bamos siendo un poder anticolonial. G�lvez era un personaje �pol�ticamente correcto�, porque se rode� de pardos, mulatos y africanos para su ej�rcito, y cuando fue virrey de M�xico, actu� acerc�ndose al pueblo, cosa que no hab�an hecho sus predecesores. No se entiende muy bien esa especie de tab�. Tampoco he visto que en la �poca en que gobernaba el PP haya habido un empuje ni un intento de profundizar en esa relaci�n. Seguramente la derecha habr�a dado m�s importancia a la relaci�n hist�rica con Estados Unidos, pero tampoco los he visto en el papel desbordante de querer conocer mejor esa �poca hist�rica.�Qu� le parece a usted la nueva corriente que est� surgiendo en Espa�a, y en otros pa�ses de Hispanoam�rica, de orgullo hispanista? �No llega a caer por momentos en el simplismo de la postura opuesta?La �leyenda rosa� o la �leyenda dorada�... Elvira Roca Barea, a la que aprecio mucho, fue la que rompi� la lanza en contra de la leyenda negra. Lo que es m�s interesante es hay voces del otro lado del charco que tambi�n se pronuncian. En el fondo, es una contradicci�n incre�ble que unos pa�ses donde no existe seguridad, donde hay una desigualdad social monstruosa, donde nada funciona, pretendan culpar de todo eso a lo que pas� hace 500 a�os. Me parece l�gico y respetable que personas como Juan Miguel Zunzunegui, como Marcelo Gullo, como otros, el Capit�n Per� (Rafael Aita) digan que Espa�a no tiene nada por lo que pedir perd�n.
















