El pasado 12 de mayo se clausuraba el bar Gris de la calle San Marcos, en el barrio de Chueca de Madrid. La noticia no se hizo pública hasta el día siguiente, cuando lo anunciaron oficialmente en su perfil de Instagram pero, esa misma tarde, un grupo de fieles enviaba mensajes a amigos y conocidos para reunirse en el local una ultima vez. Para muchos, el cierre del Gris supone el fin de una época: era el último bar de Chueca que se mantenía fiel a su espíritu (y dueños) originales, el superviviente en un barrio en el que todo ha cambiado. Pablo, el dueño, explica que “no nos pudimos despedir bien de la gente. Nos dieron 48 horas de plazo entre semana y ya está”. La razón del cierre fue la acumulación de denuncias por parte de los propietarios del apartamento de alquiler turístico situado encima del local: “Tuvimos que bajar el volumen de la música, hacer obras, poner otra puerta… pero no creo que nunca hubiéramos podido dejar de ser molestos para los turistas que venían al piso.” El Gris llevaba abierto desde 1984, desde la época en que comienza la visibilidad de los establecimientos del ocio del barrio para uso y disfrute de homosexuales. José, madrileño de Tetúan de 51 años, lo conoció en esa época “Mi primer recuerdo es pasar en coche con mis padres: ver las tribus urbanas en los ochenta, la primera vez que vi a dos chicos de la mano, los yonkis, los punkis. Era emocionante pasar por ahí. Cuando salí del armario a los 22, en 1997, Chueca era un refugio. Era un sitio en el que encontrar gente como tu. El Why Not, el Gris… Con 20 años, Chueca era un lujo.” La historia oficial del mito de Chueca es conocida de sobra y se explica como un modelo de superación urbanística: el paso de un barrio degradado por el abandono, con una población envejecida o conflictiva, drogadicción y delincuencia al éxito económico gracias a ofrecer espacios para los colectivos que no podían reunirse en otros puntos de la ciudad. Es la misma historia de los otros grandes barrios gais europeos, como el Soho londinense o el Le Marais parisino. Allí donde no quería ir la gente de bien, se podían visibilizar los homosexuales. Para José fue “un sitio dónde podías ser como eras. Y de muchas formas: había heavies, house, rock, botellón… era una muestra feliz de todo lo que es Madrid. Todos juntos en el mismo sitio”. El mito Chueca triunfó en los noventa y se estableció como espacio de referencia para el colectivo LGTBI. Cuando en 2004 el historiador Alberto Mira publicó el primer gran estudio sobre la cultura homosexual en España lo tituló De Sodoma a Chueca. El barrio madrileño estaba, ya entonces, a la altura de la mítica ciudad de la Biblia. Otro José (47), este nacido en Cuzco, Perú, llegó a Madrid ese mismo año, en 2004: “Yo sabía que había un barrio que era gay y cuando descubrí que se llamaba Chueca me pareció que tenía todo el sentido, porque chueco quiere decir torcido en muchas partes de América y a los maricones también se les llama chuecos. La primera vez me llevó un amigo, fuimos a una tetería que había en la calle Gravina, que ya la cerraron, y que me pareció un sitio mas bonito que había visto en mi vida”. (Hoy esa tetería, reformada y despojada de sus preciosos muebles antiguos, es un local de color blanco que ofrece ice cream and coffee).A partir de ese momento empezó a hacer su vida alrededor del barrio: “Hasta el 2013 salía por ahí: iba al gimnasio en la calle Libertad, que también ha cerrado, al que ha ido todo Madrid, y ahí ya te encontrabas con amigos y luego salías de bares por el barrio. Era muy familiar. La gente vivía en el barrio”. José recuerda que “en el Orgullo, por ejemplo, eran los dueños de los bares a los que iba los que ponían las carrozas para el desfile y claro, nos decían a los clientes de siempre que si queríamos ir. No eran famosos o políticos como ahora. En los camiones iba la gente que vivía o salía por Chueca”. “Yo sabía que había un barrio que era gay y cuando descubrí que se llamaba Chueca me pareció que tenía todo el sentido, porque chueco quiere decir torcido en muchas partes de América y a los maricones también se les llama chuecos”José (47 años, Cuzco, Perú)Luigi (38), italiano residente en Madrid desde 2009, también lo visitó por primera vez de la mano de un amigo. El primer local que conoció fue precisamente el Gris, al que le llevaron en 2010, después de asistir a un concierto de Air en la Riviera. “Nada mas entrar sentí que ahí dentro no te podía pasar nada malo”. Un par de años después se mudó a vivir a la calle Luchana y la cercanía del bar lo convirtió en un asiduo. Su otro bar de referencia era el Poliéster, que desapareció por razones similares. En ambos lugares coincidía con las mismas personas. “El Gris era un bar de habituales, de parroquianos, tipo old school, en una ciudad que a mi me parecía enorme. Era un lugar en el que podías hablar con la gente. Un bar de barrio”. Aunque reconoce que la Chueca que conoció “ya estaba pensada para hacer dinero”.El resto de las siglas Una de las grandes críticas a las que se ha enfrentado Chueca es que casi todos sus locales estaban destinados al disfrute de los hombres gais. ¿Dónde se metían las mujeres? Melissa (35) es lesbiana y trabaja en los bares de Chueca como drag king bajo el nombre Marcus Massalami. Nacida en Xátiva, Valencia, vive en Madrid desde hace 11 años. Su historia es la habitual: “Me llevó una amiga que, como yo, era también lesbiana de pueblo. Todos los fines de semana íbamos al Escape que ahora es el Fluide, o al Fulanita. Entonces había dos bares. Ahora siguen siendo sólo esos dos.” “Lo lésbico está muy estancado y ha ido a menos”, continúa. “De hecho, han cerrado otros que abrieron entre medias. Entre semana no tienes dónde ir. Además, es solo un ambiente de fiesta. No de diario”. Sin embargo, reconoce la enorme importancia que tuvo el barrio en su desarrollo personal y en su vida: “Para mi fue fundamental tener una experiencia de total libertad después de una experiencia de pueblo, en donde no sabía ni lo que era. Lo increíble es que fuera un barrio entero.” La Chueca rosaCon el nuevo siglo, la imagen del barrio empezó a cambiar. Se empieza a hablar de dinero rosa, de empresarios y de Chueca entendida como un gran marca. Se convierte en destino turístico antes que el resto de la ciudad, también en un paraíso inmobiliario, gracias a su situación en pleno centro de Madrid. Películas como Chuecatown ya narran, en el año 2007, este cambio de paradigma: en ella, un tiburón inmobiliario (de esos que hoy están de moda en Instagram) se dedica a matar ancianas del barrio para que sus pisos queden vacíos y venderlos por un valor muchísimo mayor. “Ahora vivo en un Madrid en el que no hay que ir a barrios gais a buscar gais, ya están por todas partes. La demografia, el tipo de gente que va, es muy normativa. El Delirio podría estar en Albacete, por ejemplo”Juan (Sevilla, 29 años)Juan (29), sevillano, vive en Madrid desde hace 8 años y llegó hasta el barrio con 18 o 19 años. “Llegué a Madrid y me fui a Chueca de cabeza. Fue un acercamiento muy provinciano. Cuando veníamos a Madrid de visita, a mi abuela le gustaba ir al Cisne Azul [taberna del barrio especializada en setas] y yo veía las banderas y los chicos y se me iban los ojos.” Para Simón, madrileño de 24 años, su primera noticia sobre la existencia del barrio llegó “por los chistes homófobos del colegio. Era el sitio en donde te podía ocurrir todo lo malo. Luego, poco a poco, y gracias a las mujeres que me llevaron ahí he llegado a sentirlo como un sitio propio”. Sin embargo, el Chueca que han conocido estos veinteañeros ya no es el espacio lleno de habituales y parroquianos que vivieron los que lo descubrieron en los noventa, sino un barrio gentrificado lleno de tiendas, locales de hostelería y, sí, también locales nocturnos de ambiente, pero donde la sensación de comunidad, de clientes habituales, ya casi no existe, y de los locales míticos sobreviven muy pocos (por ejemplo el LL, el Black & White y el Why Not). “Ahora vivo en un Madrid en el que no hay que ir a barrios gais a buscar gais, ya están por todas partes” explica Juan. “La demografía, el tipo de gente que va, es muy normativa. El Delirio podría estar en Albacete, por ejemplo.” Sin embargo, ha encontrado una forma de reivindicar el barrio y de hacerlo suyo. Junto con otros seis amigos tienen la costumbre de salir periódicamente por la zona, incluso se organizan y coordinan en un grupo de WhatsApp destinado exclusivamente al tema Chueca. Empiezan por el Cock o el Del Diego (dos coctelerías históricas aledañas a Chueca, que si bien están en el barrio atraen a una clientela más exclusiva que no siempre sale por el barrio) y acaban siempre en la discoteca de ambiente Ricks. Hasta hace poco, la ruta también incluía el desaparecido Gris. “Mi generación es la que empieza a ligar a través de las apps y no del contacto directo en los bares, así que para mi Chueca es un barrio que he llegado a conocer a través de los hombres con los que había quedado a través de una aplicación”Simón (24 años)“El ciclo lumpen-gays-capitalismo-turistificación-airbnb hace que se vacíe el barrio y eso lo hace peligroso porque ya nadie es de ahí”, explica Juan. “Ya nadie vive en Chueca, ya no es una comunidad ni un refugio.” Para el veinteañero Simón el barrio tiene mas que ver con el sexo que con un sentimiento de comunidad: “Paseando de pequeño con mi familia veía todas esas fotos de hombres desnudos. Están por todas partes. Así que sabía que si quería ahí es donde podía ir a por ellos.” Sin embargo, terminaría por conocer el barrio por otro camino: “Mi generación es la que empieza a ligar a través de las apps y no del contacto directo en los bares, así que para mi Chueca es un barrio que he llegado a conocer a través de los hombres con los que había quedado a través de una aplicación”. ¿Adónde vamos ahora?Todos coinciden en que sí, el barrio ha cambiado. Para el peruano José “antes hacíamos vida ahí. Te encontrabas con los amigos, conocías a la gente porque también vivían ahí. No era solo una cosa por la noche. Ni todo el mundo era gay”. Sin embargo ahora: “Voy muy poco. Está muy masificado y es muy caro. Está claramente pensado para los turistas que pueden pagar precios que yo no puedo. Tengo un buen trabajo y un buen sueldo, pero no puedo gastarme esas cantidades en una cerveza.”El otro José tiene una opinión muy parecida: “Chueca ahora es un barrio comercial, con negocios sin personalidad y una escena muy fragmentada. Los osos por un lado, las musculosas por otro... Un gay ahora no encuentra ahí lo que yo encontré en su momento”. Las generaciones mas jóvenes opinan igual. Luigi lo ve como el resto de la ciudad, en la que “han desaparecido los comercios, los vecinos, los de siempre y eso es lo que hace un barrio. Ahora es para turistas.” Melissa coincide en que lo de salir a tomar algo sin tener que salir de fiesta ya no pasa en Chueca. Sobre todo, por el tema económico: “Tienes que consumir, pero no te lo puedes permitir con los precios que hay”. Profesionalmente también ha cambiado: “Cuando empecé en el drag era como una familia. Tanto entre las artistas como entre el público, que había gente que iba todos los días. Pero eso ya no pasa. Hay mucho guiri que mantiene los espectáculos el fin de semana, pero no los del día a día, ¿quién se puede permitir pagar eso por una cerveza?”. Simón, el mas joven del reportaje, lo ve muy claro: “Chueca es un souvenir de Madrid”. Entonces, si Chueca ya no es el lugar que atrae al público LGTB de Madrid que busca bares, sexo o vida nocturna, ¿dónde se ha ido ese público? La buena noticia es que ese tipo de ocio nocturno se ha extendido hacia otros barrios. Especialmente, Lavapies. Ya en 2012 un reportaje de EL PAÍS hablaba de este barrio, cuya historia de depresión y posterior gentrificación recuerda a la de Chueca y se ha vivido más tarde, como el nuevo “barrio rosa” de Madrid. Melissa tiene un par de sitios que le gustan en Arganzuela y Lavapies. José también prefiere Lavapiés. Simón se mueve por Carabanchel. Pablo, el dueño del Gris, uno de los últimos locales de aquella Chueca que ya no existe, explica: “ahora podré jubilarme y descansar”. ¿Y el Gris? “Imagino que pondrán una franquicia o algo así”.
El barrio que dio cobijo a los gais y después los expulsó: “Hoy no tenemos que ir a Chueca. Ya estamos por todas partes”
Ha sido referencia mundial por su historia de progreso, apertura y diversidad, pero hoy, como el resto del centro de Madrid, Chueca se enfrenta a la gentrificación, la despersonalización y el turismo








