Imagínese que su casa y la de todos los vecinos quedan destruidas en el peor terremoto en décadas. Una semana después, todavía se producen réplicas, algunas de hasta 4,2 grados. El horror que no cesa. Pero incluso entre el miedo y el duelo, la vida sigue adelante. En un país que intentaba iniciar una nueva etapa tras la captura de Nicolás Maduro en enero, la necesidad de trabajar y la urgencia económica no permiten parar a su población. Muchos comercios han comenzado a recuperar tímidamente la normalidad, al menos en Caracas. Venezuela es un país que hace tiempo dejó de poder permitirse detenerse. Su economía, castigada por años de crisis, continúa marcada por una inflación desbocada y por la constante depreciación de la moneda local frente al dólar. Esta se ha convertido de facto en el verdadero termómetro de las finanzas del país y mantiene asfixiado el bolsillo de los ciudadanos. Tiendas de ropa, zapaterías, administraciones de lotería, restaurantes, joyerías y peluquerías han vuelto a abrir sus puertas, junto a supermercados, ferreterías y farmacias. En muchos establecimientos, algunos con televisores permanecen encendidos. Unos siguen las noticias sobre la catástrofe; otros retransmiten el Mundial de fútbol. Un torneo que en Venezuela ha perdido parte de la atención que despertaba en el pasado, no solo por la ausencia de la selección nacional, sino por la urgencia de salir adelante. TE PUEDE INTERESAR La afluencia de transeúntes y de coches no es la usual para un día de entresemana. El transporte subterráneo sigue paralizado, al igual que las actividades escolares. Los grandes centros comerciales de la ciudad abrieron, pero con pocas tiendas abiertas. Dentro, los vendedores están nerviosos y parados cerca de las puertas. Al mediodía, un breve apagón dejó sin electricidad a varias zonas de Caracas. Fueron apenas unos segundos, pero bastaron para recordar que, más allá de la devastación causada por los terremotos, Venezuela sigue arrastrando las heridas del deterioro crónico de los servicios públicos, de la crisis económica persistente y de una inestabilidad política que lleva años marcando la vida cotidiana del país. En ese momento, las personas que se encontraban en un supermercado —situado en un sótano— comenzaron a gritar y a correr presas del pánico. "Estamos traumatizados", dice uno de los compradores. Y no es para menos. Hace apenas cinco días, dos terremotos sacudieron sus vidas; en enero, un bombardeo de Estados Unidos los despertó de madrugada. Es solo el último episodio de una larga sucesión de golpes que incluye también unas elecciones presidenciales que muchos consideran robadas. Muchos de los que salieron de sus casas lo hicieron para ir a trabajar porque no había otra opción o para comprar alimentos. A diferencia de otros establecimientos, sí se observa una mayor cantidad de compradores en los supermercados. A pesar de las compras masivas que desató el reciente desastre natural, la Asociación Nacional de Supermercados y Servicios de Venezuela asegura que el abastecimiento de alimentos y productos está garantizado. TE PUEDE INTERESAR Antes de sufrir las consecuencias de los terremotos, el Gobierno interino de Delcy Rodríguez ya se preparaba para revelar otro desastre: una deuda que asciende a 240.000 millones de dólares. La cifra, publicada por el Financial Times, es considerablemente superior a los cálculos que manejaban muchos inversores, situados entre los 150.000 y 200.000 millones. A la deuda venezolana se le suma ahora lo que va a suponer la reconstrucción en términos económicos. Los datos ofrecidos por el Servicio Geológico de EEUU calculan pérdidas económicas de entre 10.000 y 100.000 millones de dólares. Incluso en la parte baja de la horquilla, sería un golpe enorme para un Estado sin margen; en la alta, como ya se ha señalado, supondría el equivalente al PIB anual de Venezuela. "La devastación es de tal grado que la reconstrucción va a requerir de recursos infinitos", advierte el economista, jefe de Anova Policy Research, Omar Zambrano. Sin embargo, añade que el nivel de déficit fiscal del país, que se presume que está a 10 puntos del PIB, hace improbable que el gobierno cuente con los recursos para financiar tal reconstrucción. Eso hace que ya antes de los terremotos el 55% de los hogares sufriera pobreza multidimensional, según un estudio de la Universidad Católica Andrés Bello que no mide solo los ingresos, sino también el acceso a servicios, salud, educación y condiciones de vida. En términos de población, el 76,5% de los venezolanos vivía en pobreza por ingresos y el 38,5% en pobreza extrema. Estos datos quieren decir que gran parte del país afronta los terremotos sin ahorros suficientes, sin seguros privados y con ingresos demasiado bajos para hacer frente a la pérdida de una vivienda, un pequeño negocio, una moto o incluso una semana de trabajo. "Tenemos una tristeza por dentro, abrir hoy no fue fácil" La emigración masiva añade otra gran limitación para afrontar la catástrofe. ACNUR calcula que casi 7,9 millones de refugiados y migrantes venezolanos viven fuera del país. Esa salida incluye médicos, enfermeros, ingenieros, técnicos, docentes y trabajadores especializados. La reconstrucción exige precisamente ese tipo de capacidades. Es necesario tener en cuenta que el principal ingreso fiscal de Venezuela es el petróleo, pero desde el 3 de enero, está tutelado por Estados Unidos. En este contexto, no hay claridad sobre cómo se manejan las cuentas. Pero en la calle, la mayor preocupación son las finanzas personales. Ya se acerca el final de mes y es tiempo de que Gabriela Lavaca les pague a los empleados de su tienda de bolsos. Este lunes abrió el local, pero solo un par de personas se acercaron a mirar. "Me encantan los bolsos, pero ahora hay otras prioridades", dijo una clienta. TE PUEDE INTERESAR "Tenemos una tristeza por dentro, abrir hoy no fue fácil, pero tenemos compromisos que tenemos que cancelar a tiempo", dice Gabriela, quien junto a su hermana permanecerán hasta el final de la tarde en la tienda, no en espera de clientes, sino con la intención de evitar estar el menor tiempo posible en sus apartamentos, ubicados en pisos altos de residencias caraqueñas. "No es fácil lo que hemos vivido; nos hemos quedado con un temor interno", añade. Las autoridades venezolanas cifran en 6.462 las personas rescatadas hasta el momento, aunque el balance de víctimas continúa agravándose. El último parte oficial eleva a 2.295 el número de fallecidos y a 11.267 el de heridos. Mientras las cifras siguen aumentando, los equipos de emergencia mantienen las labores de búsqueda con la esperanza de encontrar supervivientes, pese a las continuas réplicas que siguen sacudiendo las zonas afectadas. Según informó el presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, Jorge Rodríguez, hasta el 1 de julio se habían contabilizado 782 réplicas. Aunque los temblores persisten, las autoridades aseguran que su magnitud y frecuencia han comenzado a disminuir. "Cerrado por duelo" En Chacao, una de las zonas con más afectaciones en Caracas, un negocio muestra un cartel en su entrada: "Cerrado por duelo", dice. Una de sus santamarías está a medio abrir; allí está su dueño, Javit, quien acaba de perder a su madre en el terremoto. "Perdí a mi mamá y perdí mi casa", cuenta. Solo está allí porque tiene envíos pendientes y, en medio de la pérdida, Javit se tomó el tiempo de cumplir con sus clientes. Keiter Sánchez, conductor profesional, dedica las mañanas a realizar traslados gratuitos hacia hospitales o a transportar donaciones. Por las tardes, sin embargo, regresa a su actividad habitual, ya que necesita volver al trabajo para poder sostener su día a día. "Uno quisiera estar ayudando, pero ¿qué voy a comer después?", se pregunta. Sus dos hijos dependen de él y de su esposa, quien no ha logrado retomar sus labores desde el pasado miércoles. Keiter es de esos venezolanos que están dentro de la informalidad laboral y que representan entre el 40% y el 60% del PIB nacional, según las estimaciones del Observatorio de Finanzas.
El terremoto ha destruido su casa. Da igual, toca seguir trabajando: "Vamos a necesitar recursos infinitos"
Economistas advierten que la reconstrucción tras los terremotos requerirá de grandes cantidades de dinero, que el gobierno venezolano, por estar en déficit fiscal desde hace años, no tiene












