Los intentos de rescatar a personas con vida tras el doble terremoto que dejó cicatrices en Caracas y devastó el estado La Guaira, en la costa de Venezuela, continuaron este martes, seis días después de la tragedia que causó al menos 1.943 muertos, principalmente por el colapso de numerosos edificios.

Pero, entre los equipos, las esperanzas de encontrar más supervivientes bajo los escombros comienzan a desvanecerse. Los rescatistas de Ecuador y Estados Unidos suspendieron sus operaciones a primera hora del martes en Macuto, en La Guaira, tras más de 40 horas de trabajo al dejar de recibir respuesta de una madre y sus tres hijos atrapados bajo un edificio de nueve plantas, según informa Reuters. Este miércoles, el equipo neerlandés de búsqueda anunció que da por concluida su misiónal reducirse las posibilidades de encontrar a personas con vida.

Mientras siguen los trabajos a contrarreloj y circulan vídeos de rescates “milagrosos”, como el de un niño de tres años tras seis días atrapado entre los escombros, los venezolanos que vivieron el temblor tratan de recomponerse de una experiencia común para muchos: la vulnerabilidad ante un desastre que escapa al control.

Claudia Nazoa se encontraba en su apartamento de Caracas cuando comenzó el seísmo. La cineasta lo describe como “infernal”: el rugido, la destrucción de una vida material acumulada durante años. Su prioridad fue salvar lo que importaba. Evacuó entre escombros e inundaciones, se fue a casa de una amiga con incertidumbre sobre su futuro. Félix Ruz vivió el terremoto con su familia. Las salidas quedaron bloqueadas. Este transportista en Caraballeda durmió en el coche, afrontó restricciones y careció de servicios básicos. Pero también presenció actos de solidaridad.