El próximo 4 de julio se cumplirán 35 años de la promulgación de la actual Constitución Política de Colombia. Como actor directo de ese importante acontecimiento democrático, recuerdo que su aprobación y adopción fueron el resultado de una expresión unitaria y democrática de todos los constituyentes, quienes, por encima de las diferencias políticas, sociales y de nuestras distintas historias de vida, priorizamos la aprobación por consenso del texto constitucional.Gracias a ese extraordinario hecho político, la nueva Constitución fue también acogida y promulgada por el entonces presidente de la República, César Gaviria Trujillo, junto con su ministro de Gobierno, Humberto de la Calle Lombana, quien años después también ejercería la Vicepresidencia de la República.Ahora que parecen imponerse los sectarismos y los odios en la política colombiana, vale la pena recordar que la Asamblea Nacional Constituyente fue un verdadero ejemplo de unidad en la diferencia. Una muestra de ello fue la elección, desde el comienzo de sus sesiones, de una presidencia colegiada, hecho sin precedentes en la historia política del país. Dicha presidencia estuvo integrada por Álvaro Gómez Hurtado, del Movimiento de Salvación Nacional; Horacio Serpa Uribe, del Partido Liberal Colombiano; y Antonio Navarro Wolf, de la Alianza Democrática M-19.Desafortunadamente para la democracia colombiana, los dos primeros ya fallecieron. En el caso de Álvaro Gómez Hurtado, dolorosamente asesinado en Bogotá continúa, como tantos otros crímenes en Colombia, rodeado por la impunidad. Antonio Navarro Wolf, en cambio, continúa aportando su experiencia y su sabiduría a la vida democrática del país.En lo personal, considero que uno de los aspectos que quizás debimos desarrollar con mayor profundidad durante la Constituyente fue el alcance político de la figura de la presidencia colegiada. Pienso que un modelo semejante, no solo para el Gobierno nacional sino también para los departamentos y municipios, habría podido fortalecer aún más la democracia colombiana.Este tipo de liderazgo, mucho más participativo, favorece que las decisiones se adopten mediante el voto, amplía la representatividad de los distintos sectores y estimula la búsqueda permanente de consensos.Tal vez, de haber avanzado en esa dirección, el presente democrático, social, económico y en materia de seguridad de Colombia y de sus regiones sería hoy diferente al que actualmente vivimos.Sin embargo, la vida continúa y, en mi condición de exconstituyente, exvicepresidente de la República y exgobernador del Valle del Cauca, y cuando estoy próximo a cumplir 80 años de vida, invito fraternalmente a mujeres y hombres de todas las corrientes políticas y sociales, pero, sobre todo, con reconocidos méritos éticos, para que, unidos en la diferencia, promovamos desde las regiones la materialización de una cultura ciudadana de diálogos, del respeto y la búsqueda de acuerdos, con el propósito de contribuir a la construcción de una Colombia mejor y de alejarnos de los remolinos del odio, de la violencia y de la equivocada idea según la cual ‘si no piensas como yo pienso, eres mi enemigo’.En ese mismo espíritu, celebro la iniciativa del gobernador del departamento del Atlántico y también exconstituyente, Eduardo Verano De La Rosa, de convocar para el próximo 2 de julio en la ciudad de Barranquilla un encuentro de exconstituyentes de 1991. Espero que esta reunión sirva para reafirmar nuestro compromiso de seguir trabajando, desde la unidad en la diferencia, por el desarrollo integral de los principios y derechos consagrados en la Constitución Política.Asimismo, deseo que cualquier modificación futura de nuestra Carta Política sea el resultado de un amplio consenso nacional y no de deseos y decisiones unilaterales de personas o sectores que, por importantes que sean, no representan la totalidad de la diversidad política, social, cultural y étnica de Colombia.
Constituyentes del 91: un ejemplo de unidad en la diferencia
Invito fraternalmente a mujeres y hombres de todas las corrientes políticas y sociales, pero, sobre todo, con reconocidos méritos éticos, para que, unidos en la diferencia, promovamos desde las regiones la materialización de una cultura ciudadana de diálogos, de respeto y de la búsqueda de acuerdos.










