NoticiaEl exministro habla sobre el significado de la Carta Política de 1991 para el país y la importancia de hacerla cumplir antes que reformarla.Abogado y exconstituyente, Juan Carlos Esguerra fue viceministro de Comunicaciones, ministro de Defensa, embajador de Colombia en Estados Unidos y ministro de Justicia. Foto: Archivo ParticularEDITOR MESA06.07.2026 13:00 Actualizado: 06.07.2026 13:00
A 35 años de la promulgación de la Constitución Política de 1991, el exconstituyente y exministro de Justicia y Defensa, Juan Carlos Esguerra habló con EL TIEMPO sobre la vigencia y la importancia de defender la Carta, el debate sobre una nueva Asamblea Constituyente y los controles al poder presidencial, en particular los que recaen en la Comisión de Investigación y Acusación de la Cámara de Representantes.¿Cuál es su mensaje hoy, cuando estamos en la conmemoración de los 35 años de la Constitución de Colombia?En pocas palabras, yo diría que es un reconocimiento al papel que ha cumplido en su desarrollo y en la guarda de los derechos humanos, y citaré a mi mamá: 'Que Dios nos guarde a la Constitución y a la Corte Constitucional'. La Corte me parece absolutamente fundamental, porque ha sabido valorar la división de poderes, defender la institucionalidad y ser bastión de lo que debe ser un Estado de derecho.Tras las elecciones, la propuesta de una Asamblea Constituyente perdió fuerza, pero sigue presente. ¿Cree que hoy existe ambiente para impulsarla? ¿Es conveniente para el país?Creo que no existe ese ambiente y los hechos lo han demostrado. El país quiere su Constitución, la valora y la ha defendido desde su nacimiento. La Constitución de 1991 surgió de abajo hacia arriba: nació de los colombianos y fue concebida para proteger, ante todo, a la persona humana. A diferencia de las constituciones anteriores, cuyo centro de gravedad era el poder. La Constitución de 1991 puso en el centro a la persona. Ese sigue siendo su mayor valor. Dejó de ser un texto reservado para las librerías especializadas y pasó a convertirse en un documento que se encontraba y se discutía en las calles. La gente la siente, la vive y la reconoce como propia, y eso explica por qué no veo hoy un ambiente favorable para reemplazarla mediante una Asamblea Constituyente. Participó en la Asamblea Nacional Constituyente y en la redacción de la Constitución de 1991. Foto:Archivo particularUno de los debates más recurrentes es que, en la práctica, el Presidente de la República no tiene un control efectivo. ¿Cómo lograr que exista un verdadero control sobre el poder Ejecutivo?La Constitución sí prevé mecanismos para controlar al Presidente de la República. El problema es que esos controles no se han trasladado a la realidad. Con todo respeto por la Comisión de Acusaciones de la Cámara de Representantes, creo que, históricamente, ha estado por debajo de la responsabilidad que le asigna la Constitución. El fuero presidencial implica que solo determinados órganos constitucionales pueden investigar y juzgar al Presidente, pero esos órganos deben ejercer esa función con independencia y responsabilidad. La Comisión de Acusaciones no ha asumido plenamente ese compromiso y, por eso, se ha instalado la percepción de que el Presidente no tiene controles.¿Es decir, que en esa materia no habría necesidad de una reforma constitucional?En mi opinión, solo podría decirse que hace falta una reforma constitucional si se hubiera dejado actuar a la Comisión de Acusaciones y, aun así, hubiera demostrado que no es capaz de cumplir su función frente al Presidente. Como decía Montesquieu, "el poder debe controlar al poder". En este caso, la Comisión de Acusaciones, como órgano del Legislativo, tiene la función de ejercer ese control político y, en cierta medida, disciplinario sobre el Presidente de la República. No se puede concluir que la Constitución ha fallado cuando el problema puede ser que las instituciones no estén actuando. LEA TAMBIÉN Finalmente, ¿Qué mensaje les daría a los colombianos sobre la importancia de defender la Constitución de 1991?Porque es el pacto de paz y de convivencia que nos une como sociedad. Es el marco que nos permite entendernos como personas y que promueve el diálogo, el respeto, la tolerancia y la construcción de consensos. La Constitución protege los derechos fundamentales de todas las personas, comenzando, como se ha dicho, por los de los niños. Ese ha sido uno de sus mayores aportes. La Constitución de 1991 no es simplemente un texto jurídico; es un cuerpo vivo que busca hacer posible la vida en sociedad dentro del respeto por la democracia, el Estado de derecho y los derechos fundamentales.JHON TORRES Editor de EL TIEMPO En X: @JhonTorresET Sigue toda la información de Justicia en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.











