EntrevistaAl expresidente de la Corte Constitucional Manuel José Cepeda no lo convencen las promesas de Petro o Cepeda de no acabar con la Constitución del 91. PERIODISTA15.06.2026 22:01 Actualizado: 15.06.2026 22:01
El expresidente de la Corte Constitucional no cree en la promesa reciente del presidente Gustavo Petro y del candidato Iván Cepeda de no pretender acabar la carta magna, por lo que propone que los requisitos para reformarla sean más exigentes. El exmagistrado, además, reconstruye el momento histórico en el que se redactó la Constitución del 91 para señalar la diferencia con el actual. LEA TAMBIÉN Doctor Manuel José Cepeda, este es un momento clave para el país. Sabe lo que nos estamos jugando. Entre otras cosas, la Constitución. Hay dos libros de la última temporada que me han gustado mucho sobre el tema: 'Democracia bloqueada', de Alfonso Gómez Méndez; y 'La Constitución soy yo', de Mauricio Gaona. Desde distintos puntos de vista, ambos advierten sobre los peligros de una constituyente. ¿Es suficiente que haya desaparecido la palabra “constituyente” del programa oficial de Iván Cepeda para que el peligro del populismo electoral esté conjurado?Cuando se convocó a la constituyente que redactó la Constitución del 91, el país estaba amenazado por el narcoterrorismo. Había un clamor nacional para modificar muchas instituciones y estaba prohibido expresamente que el pueblo participara en una reforma constitucional, puesto que en el plebiscito del año 57 se había dicho que solo el Congreso podía reformar la Constitución. De tal manera que son situaciones completamente distintas. La asamblea constituyente que se ha propuesto en este momento es para que el Ejecutivo pueda hacer lo que quiera. El argumento de bloqueo institucional en el momento actual es para fortalecer al Ejecutivo y para que no tenga límites ni controles.¿Por qué asegura que es tan distinto?Como es bien sabido, la Constitución del 91 terminó fortaleciendo la justicia, estableciendo un sistema efectivo de frenos y contrapesos, protegiendo los derechos ciudadanos. Además, en este gobierno se han adoptado varias reformas constitucionales de alto calado y se han adoptado múltiples leyes promovidas por el Ejecutivo. Aquí no ha habido bloqueo, es una disculpa para acabar con la Constitución del 91 en materia de frenos y contrapesos, que garantizan la independencia de la justicia, y pasar a un sistema de gobierno donde el Ejecutivo se vuelve todopoderoso. Es lo que advierte el doctor Gaona en su libro La Constitución soy yo. Lo que han tratado de hacer en este gobierno es llevarnos de la democracia a la dictadura constitucional, vistiendo primero con los disfraces más recurrentes de nuestra época, como populismo y autoritarismo. Pero creo que pasaríamos a un sistema autoritario inconstitucional, porque la Constitución actual establece unas reglas para convocar una constituyente que se quieren violar manifiestamente con esta iniciativa legislativa.Mencione una, por ejemplo…La Constitución exige que para convocar una constituyente se diga expresamente en la ley cuál es el sistema electoral para elegir a los miembros de la constituyente. En el proyecto de ley que está o estuvo circulando para firmas –así Cepeda diga que no insistirá en eso– no se dice cuál es el sistema electoral y, al contrario, se insinúa que es el Presidente, por decreto, el que va a fijar las reglas de elección de los constituyentes. O sea, iríamos a una constituyente de bolsillo, amarrada a lo que el Ejecutivo de turno quiera. Eso es manifiestamente inconstitucional.El comité de firmas que instaló Petro tenía una cosa rarísima: que un particular prestaba su cuenta bancaria para que en ella se depositara el dinero dirigido a recoger firmas. ¿Sería para dejar claro el “origen popular” de la propuesta a la constituyente? Él habla de haber aplazado la iniciativa, pero no dice que la enterró…El presidente Petro no alcanzó; sin embargo, el comité de firmas sigue vivo con ese señor que, como usted dice, recoge la plata, que no sabemos ni cuánta es ni nada, si la hemos puesto nosotros de nuestros impuestos; pero en todo caso, eso sigue vivo.Insisto: ¿Usted cree que ha sido suficiente que el doctor Cepeda diga que ya no va? ¿Le creemos? ¿Sí o no?En 2018, hasta el propio Antanas Mockus fue engañado cuando se firmó en una lápida de mármol que no iba a haber una constituyente. Hoy no he escuchado a nadie que les crea. Pero hay un segundo problema gravísimo, y es que la ley establece unas reglas de juego. Si de verdad quieren desmontar esta constituyente, lo que tienen que hacer es disolver el comité promotor, desistir totalmente de la recolección de firmas y no entregarlas a la Registraduría. Eso no lo han hecho. LEA TAMBIÉN Cuénteme, ¿esta última versión que ha estado rondando de la constituyente, es la misma del exministro Montealegre, que producía escalofríos?Pues aquí hay algunas diferencias, pero es difícil saber cómo se inspiró, y quién y cómo se redactó este proyecto de ley. Se trató de instrumentalizar a los indígenas, a los afro, a los campesinos, para la recolección de firmas. Y eso está explícito en el proyecto, porque la constituyente que se propone no respeta la soberanía popular, no es elegida por el pueblo, ni representa al pueblo. Sería el Gobierno. Claro, expresamente el proyecto dice que esta asamblea es para representar a los sectores sociales, es decir, a los indígenas, a los campesinos, a los afro, a los que asignan unos cupos especiales. Y no se sabe cómo se van a elegir esos representantes de cuerpos sociales. Entonces se pasa, no a una asamblea constituyente que representa al pueblo, sino a una asamblea constituyente corporativista, que representa cuerpos o sectores sociales. Eso es manifiestamente inconstitucional porque una constituyente representa al pueblo entero. La soberanía popular no es divisible, no se puede partir, fraccionar.¿Reforma “constitucional inconstitucional”?Sí, porque la constituyente debe representar al pueblo entero, no a sectores, fracciones del pueblo. Un principio constitucional muy importante es la indivisibilidad de la soberanía, que pertenece al pueblo como un todo. En la época fascista había unos corporativistas que defendían que una asamblea fuera integrada por los banqueros, por los industriales, por los ganaderos, por los agricultores, por la Iglesia, por los militares, por facciones del pueblo, una especie de corporativismo social como ha propuesto Petro. Pero el pueblo somos todos. Aquí se dice que el sistema electoral lo fija el Presidente por decreto para esos cuerpos sociales. Para el resto de nosotros no se sabe cómo se va a fijar, porque la ley no dice nada. Antidemocrático e inconstitucional.¿Cómo hacemos para que la Constitución no se convierta ahora o después en un instrumento electoral? ¿Para que cada cuatro años no llegue un candidato o un gobierno populista de cualquier tendencia política a decir que hay que cambiar la Constitución, de manera que la acomode para que él pueda elegirse o fortalecerse en el poder?Es un punto importantísimo, María Isabel, porque en el ambiente de polarización que ha habido en Colombia ya en dos elecciones, es evidente que no se va a poder avanzar por consenso. La Constitución del 91 se hizo por consenso, para protegernos a todos, no se hizo contra nadie, no fue instrumentalizada para nada. En cambio, esta iniciativa, y otras que ha habido en el pasado, buscan hacer lo que usted dice: un grupo pequeño quiere imponer al resto del país la constitución que tiene en el bolsillo para beneficio propio o de sus intereses.¿Y cómo puede evitarse?Propongo una fórmula: reformar el artículo 376 de la Constitución, que regula este tema. Establecer que cualquier ley que convoque a una asamblea constituyente debe ser aprobada por las dos terceras partes de los miembros de una y otra cámara. Y si esa constituyente es ilimitada, como esta que han estado proponiendo, la mayoría debe ser de las tres cuartas partes de los miembros de una y otra cámara. Eso obliga a que siempre haya acuerdos, consenso, que una parte de grupos políticos no le imponga al resto de la población la constitución que tiene en el bolsillo.Pero eso sí se pudo en la Constitución del 91. Nos preocupa mucho que una constituyente no vaya a tener límites, pero una vez se instaló esa constituyente del 90, se declaró “omnímoda y omnipotente”. Hizo las reformas que los constituyentes quisieron.Fue por un fallo de la Corte Suprema de Justicia, que avaló todo el proceso; dijo que la constituyente no tenía límites porque había sido convocada por el propio pueblo, pero ahora la constitución, la ley y la jurisprudencia de la Corte exigen que el temario de una asamblea sea presentado de manera separada, para que el pueblo pueda votar libremente sobre cada tema. Eso no se hace en este proyecto que ha manejado el Gobierno y al que supuestamente Cepeda ha renunciado; no hay temario, ninguna lista de temas a tocar o analizar. Y además, la pregunta que le van a hacer al pueblo incluye, digamos, parámetros generales, son seis y no están separados para que el pueblo pueda votar sobre cada uno de ellos. Toca todo o nada. Eso es violatorio de la libertad del votante, él debe poder llegar a las urnas y decidir sobre lo que le proponen. Que hay que respetar los tratados internacionales… ¿Estoy de acuerdo con eso o no? O me proponen que no se puede retroceder en la protección de los derechos sociales… ¿Estoy de acuerdo o no? Y debe poder votar libremente sobre cada parámetro. Aquí no se hace eso, lo cual es manifiestamente inconstitucional.Yo le hice la pregunta de cómo evitar que la Constitución se vuelva un instrumento electoral. Es decir, en una democracia, como bien dice el doctor Gaona, el Gobierno es el que se debe regir por la Constitución, no la Constitución por el Gobierno ni por sus antojos o necesidades. ¿Cree que su propuesta evitaría que la constitución se coja como “violín prestado”?Sí. Por eso propongo la reforma del artículo 376 de la Constitución. Para que la ley mediante la cual se convoca al pueblo para que diga si quiere o no una constituyente sea aprobada no por la mayoría absoluta de los miembros, como dice hoy, sino por las dos terceras partes de cada cámara. La constituyente va a tener que negociar y construir consensos. Pero aún más si se propone una constituyente con una competencia ilimitada, es decir, que pueda cambiarse toda la Constitución. Ahí la mayoría creo que debe ser de las tres cuartas partes de una y otra Cámara, mucho más exigente. Así ocurre en muchos países. Un ejemplo de ello es Estados Unidos. Otro, Alemania, con las dos terceras partes de los miembros.¿Pero si el gobierno de turno, porque resulta autócrata, o es populista, se salta esas reglas de juego?Si se saltan unos procedimientos, hay dos controles muy importantes. Uno, la Registraduría, que debe certificar el cumplimiento de los requisitos después de que se han recogido las firmas. Y obviamente si hay algo aberrante, pues no certifica. Pero supongamos que sí certifica. La Constitución exige que vaya a la Corte Constitucional antes de que se vote. El pueblo no vota sino después de que la Corte Constitucional ha dicho que la ley es constitucional. Si se violan las etapas y los requisitos, pues es inconstitucional y no habrá votación popular.¿Sin endurecer los requisitos para que se manosee la Constitución, usted va a dormir tranquilo como constitucionalista?No, no duermo tranquilo. Mi propuesta apunta a que las múltiples fuerzas políticas y sociales que han dicho que hay que defender la Constitución del 91, presenten un acto legislativo, ojalá el mismo 20 de julio, para aprobar una reforma en la línea que he mencionado. Eso sí pararía completamente el actual proceso o los planes que haya para mantenerlo dormido, pero despertarlo en cualquier momento.¿Quién puede tener la iniciativa de tomar precauciones como las que propone?Cualquier congresista. O una coalición entre ellos. Puede haber ciudadanos que les escriban a sus congresistas pidiéndoles que lo hagan.¿Cree realista que un Congreso como el que se inaugurará el 20 de julio apruebe autolimitarse de esa manera?Sí. Primero, la mayoría de los partidos y movimientos representados en el Congreso se han opuesto a esta constituyente y han defendido la Constitución del 91. Segundo, porque hay congresistas, dentro del mismo Pacto Histórico, que no comparten este proceso, porque pone en peligro todas las conquistas logradas, los derechos de las personas y afectaría todo el sistema democrático y del Estado social de derecho. Tercero, podría haber un movimiento, no necesariamente por firmas: en Colombia los ciudadanos pueden escribirles a los congresistas elegidos que arrancan el 20 de julio, pidiéndoles que no dejen la Constitución al garete de lo que quiera el gobernante de turno. Creo que sí es viable establecer una mayoría exigente de dos terceras partes o de tres cuartas partes, como lo acabo de decir. Eso puede ser muy rápido. No requiere ir a la Registraduría a firmar un comité promotor, nada de eso. Es el derecho de petición que tienen todos los colombianos y estoy seguro de que habrá miles, quizás millones que puedan escribirles a sus congresistas pidiendo que eleven los requisitos. No es que la Constitución no pueda ser reformada. Claro que sí, pero respetando las reglas de juego, por consenso, sin que una facción le imponga a todo el pueblo la constitución de bolsillo que quieren para gobernar de manera autoritaria. Por eso propongo esas nuevas mayorías.MARÍA ISABEL RUEDAEspecial para EL TIEMPO Sigue toda la información de Justicia en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.







