La controversia existe desde el siglo XVII. Y aún hoy emerge entre investigadores, especialistas, críticos, teatreros, espectadores y todo el que quiera incorporarse a la disputa. Aunque llegado el siglo XXI, el enfrentamiento, cívico, elegante y respetuoso, está lleno de matices y retruécanos. Ahora ya no son dos bandos, si es que alguna vez los hubo, sino muchos que adoptan y crean nuevas teorías. El caso es aparentemente muy simple: hay quien sostiene que Cervantes, el gran impulsor de la novela moderna, no era un buen dramaturgo y quien defiende todo lo contrario. Hay razones y voces, todas ellas sabias y llenas de conocimiento, que defienden una u otra cosa. Y hay quien defiende las dos y aportan nueva teorías.El caso es que la edición 49ª del Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro, que se inaugura este jueves y se extenderá hasta el 26 de julio, gran referente europeo a la hora de hablar de la escena del Barroco, ha programado este año ocho montajes que versionan textos de Cervantes, aunque ninguno de ellos es propiamente un texto teatral original del autor del Quijote. Una de las grandes apuestas es Palabra de perro, un texto de Juan Mayorga concebido “bajo el impacto de la genial narración cervantina El coloquio de los perros”, indica el dramaturgo. Otros estrenos son El compuesto milagroso de Cervantes y Saavedra, un monólogo de Brenda Escobedo interpretado por Ernesto Arias; Cautivas por Cervantes, un espectáculo que pone la mirada en las mujeres de Los baños de Argel, La gran sultana y El gallardo español; El trujamán entre Cervantes y Shakespeare, que pone en relación a ambos autores; Don Chisciotte, de la histórica compañía italiana de marionetas Carlo Colla & Figli; Quijotescas, de Julieta Soria, y el espectáculo musical para público familiar Al son de Cervantes. Además, se proyectará la película El cautivo, de Alejandro Amenábar.La directora del festival, Irene Pardo, sostiene que Cervantes tiene tanta presencia este año “porque, de alguna manera inquietante, esta sociedad empieza a parecerse demasiado a algunas de las partes más oscuras del Siglo de Oro”.Hay otro tema que ha aparecido de forma natural en la programación y que es profundamente cervantino: el cautiverio. “Muchas veces pensamos que el cautiverio es algo lejano, y realmente no deja de ser una forma de perder la libertad”, recuerda Pardo. “Está el cautiverio físico, por supuesto. Pero también el miedo, la intolerancia, el fanatismo, los prejuicios o la pobreza… son formas de cautiverio. Y Cervantes escribe sobre cómo conservar la dignidad cuando todo parece dispuesto para arrebatártela”.Respecto a la controversia, hay quien deja clara su inclinación. Eduardo Vasco, director del Teatro Español de Madrid y antes de la Compañía Nacional de Teatro Clásico (CNTC), y estudioso de Cervantes, no tiene duda: “Cervantes debería ser una cuestión de Estado, su corpus y su figura tendrían que ser algo que ayudase a vertebrar nuestra cultura desde la raíz”. Vasco piensa que su teatro grande, sus comedias, se vieron en su época como un teatro demodé, al estar fuera de la horma lopesca, “pero en nuestra época aparecen como un fascinante teatro de laboratorio”. Y en cuanto a los entremeses, no duda en afirmar que hay poco teatro mejor en nuestra historia dramática.Cercana a esta teoría se muestra Pardo, quien se pronuncia respecto a la eterna polémica sobre si Cervantes fue o no un buen dramaturgo: “Quizá la propia historia es la que responde, ya que Cervantes sigue llenando los escenarios cuatrocientos años después”.La voz más discordante acerca de las bondades del teatro cervantino es, sin lugar a dudas, una de las más autorizadas. Felipe Pedraza, catedrático de literatura española especializado en teatro, se ha paseado por numerosos congresos y encuentros enfrentándose con criterio y conocimientos a colegas con los que nunca ha dejado de llevarse bien. Pedraza recuerda que Cervantes expresó su pasión por el teatro en unas palabras que puso en boca de don Quijote (II, cap. XI): “Fui aficionado a la carátula y en mi mocedad se me iban los ojos tras la farándula”. También que el autor persiguió el éxito en los incipientes corrales de comedias. “Pero el cielo no quiso darle las gracias de la versificación fácil y la ágil estructuración del drama”, apunta. Además, subraya lo que pasó en vida del autor: “En medio, entró luego el monstruo de naturaleza, el gran Lope de Vega, y se alzó con la monarquía cómica. Fue una espinita que llevó siempre clavada en el corazón. El cielo, justo y ecuánime, le compensó permitiéndole intuir los caminos de la novela moderna”. Y concluye entre la ortodoxia y el humor: “Non omnes omnia possunt” (Nadie es capaz de hacerlo todo).Su colega en el terreno académico e investigador Javier Huerta sabe que lo del teatro y Cervantes no fue un amor correspondido: “De hecho, publica su teatro siendo apenas conocido en Ocho comedias y ocho entremeses poco antes de morir, dejándonos su obra dramática para el futuro”. Señala que, si bien Cervantes fue más conservador en la técnica que Lope, por el respeto hacia la preceptiva clásica, fue más revolucionario en cuanto a contenidos.Son muchos los conocedores de la obra cervantina que afirman, como Huerta, que las novelas de Cervantes tienen mucho de teatro. “Por eso ha habido tantas dramatizaciones de los capítulos del Quijote”. Lo cierto es que es abrumador el listado de versiones teatrales del Quijote, completas o de escenas parciales, que existen desde hace siglos. Sin olvidar las adaptaciones al cine, algunas con figuras de primer orden internacional al frente. También hay innumerables óperas, ballets, series y cómics.Juan Mayorga, director del Teatro de la Abadía de Madrid y del Corral de Comedias de Alcalá, además de ser el dramaturgo español vivo más internacional, incide en el tema afirmando que en la narrativa de Cervantes hay mucha dramaturgia, y entran muchas ganas de llevarlo a escena. Por eso se ha lanzado ahora a escribir una versión de la novela El coloquio de los perros, que considera que está llena de teatro y no solo por su forma dialogal.Y aunque a lo mejor viene a liarla más, clarifica la controversia cervantina: “Si este autor hubiera encontrado una forma teatral a la altura de su extraordinaria imaginación, como la encontró en la narrativa, el teatro español hubiera sido otro”, apunta Mayorga. “Nuestro teatro habría encontrado un camino extraordinario si llega a imaginar en un escenario sus personajes novelescos extraordinarios, habría tenido esa otra dimensión que no encontramos en Lope y sí en algún Calderón”. Y añade: “En Lope y otros dramaturgos del Siglo de Oro se percibe la voluntad de obedecer a su rey o, cuando menos, no molestarlo, mientras que la mirada de Cervantes, compasiva, pero severamente critica, si hubiera llegado a los escenarios, habría llevado a los espectadores a imaginar otro mundo”.Un mundo que recogió primorosamente Francisco Nieva en un montaje en plena Transición española, con el cautiverio muy presente, llamado Los baños de Árgel. Aquel espectáculo dejó noqueada a Laila Ripoll, actual directora de la CNTC, quien ha transitado por Cervantes en varios montajes. Ello no quita que confiese que su dramaturgia nunca le haya apasionado: “Reconozco que me cuesta como teatro, pero no así sus entremeses, textos a los que sería interesante volver y no tanto a las obras teatrales largas”.
La controversia cervantina: ¿fue el autor del ‘Quijote’ un buen dramaturgo?
La nueva edición del Festival de Teatro Clásico de Almagro, que se inaugura este jueves, ofrece numerosos montajes basados en textos del precursor de la novela moderna









