‘La historia de Cardenio’, que el autor inglés firmó junto a John Fletcher y ha sido recientemente restaurada, demuestra que leyó a Cervantes
La primera traducción de El Quijote de Cervantes llegó a Londres en 1612. Y el ya veterano dramaturgo William Shakespeare no tardó en tener una copia en sus manos. Un año después, en 1613, subió a las tablas una obra con la que, a través de uno de los personajes con los que se cruza el hidalgo manchego, homenajeaba al autor español. Se titulaba La historia de Cardenio, la firmó Shakespeare junto a John Fletcher y hay pruebas documentales de que existió, pero el texto original no se conservó. Cuatro siglos después, la penúltima tragedia del bardo de Stratford ha sido restaurada, pero solo se ha representado tres veces más, entre 2009 y 2017, siempre en inglés. Un proyecto del Máster en Arte Dramático Aplicado de la Universidad de Alicante (UA) recupera ahora esta obra perdida y la representará, por primera vez, en España y en castellano. Si se cumplen los planes previstos, será en Madrid a lo largo de 2026.
La pieza shakespeariana cuenta la historia de Cardenio, uno de los múltiples personajes que pueblan las andanzas de don Quijote y con el que se cruza en Sierra Morena, que también es el escenario de la tragicomedia firmada por el autor de Macbeth. Un noble amigo suyo lo traiciona al pretender casarse con su prometida, con lo que el protagonista cae en una locura similar a la de Alonso Quijano. Cardenio, junto a don Quijote y Sancho, con quienes entabla amistad, tratará de resolver todos los obstáculos que le surgen en el camino. “Llama la atención que nunca se haya representado en España” este texto, “con el que se puede sospechar que las primeras galeradas de la traducción al inglés de El Quijote” acabaron sobre la mesa de Shakespeare, opina John Sanderson, director académico del máster de la UA, impulsor del proyecto, editor del texto, que originalmente dura dos horas y media, y traductor de la pieza al español. Se ha basado en la última versión realizada por el catedrático Gary Taylor, de la Florida State University, “que lleva trabajando en la restauración de esta obra desde 1989”.






