Anna BujDublín. Enviada especial 01/07/2026 19:29 Actualizado a 01/07/2026 19:57 Del Mediterráneo oriental al Atlántico. La presidencia rotatoria de la UE cambia de manos y se transfiere este miércoles de Chipre a Irlanda, otro pequeño país europeo que tendrá el reto durante los próximos seis meses de modular la agenda comunitaria. Y lo hace con dificultades iniciales para avanzar el proceso de adhesión de Ucrania a la UE, uno de sus principales compromisos durante este semestre en que debe poner de acuerdo al resto de Estados miembros en los grandes debates del bloque.Los recelos tienen que ver con las recientes tensiones entre Ucrania y dos países limítrofes, Polonia y Hungría, que amenazan con ralentizar el camino de ampliación. Por un lado, Kyiv y Varsovia viven su peor crisis diplomática por el enfado después de que Zelenski haya conferido a una unidad militar de élite ucraniana una distinción honorífica con el nombre de una milicia que en Polonia se vincula con masacres de civiles polacos y judíos durante la Segunda Guerra Mundial. Por otro, en Budapest, aunque el nuevo premier Péter Magyar retiró el veto de su predecesor, Viktor Orbán, a la apertura del primer clúster —es decir, el primer bloque temático de capítulos de negociación—, se resiste a hacer lo mismo con los otros cinco por tensiones políticas internas y cuestiones relativas a la minoría húngara e Ucrania.Tras danzas tradicionales irlandesas y una versión de The Cranberries, el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, pidió a sus vecinos que no dejen que los problemas del pasado les distraigan de la lucha contra Rusia. El mandatario ucraniano fue, junto al presidente del Consejo Europeo, António Costa, el invitado de honor de la ceremonia de apertura de la presidencia irlandesa, donde reclamó abrir con velocidad los otros cinco clústeres pendientes. “Estoy de acuerdo”, respondió desde el público el portugués, gran partidario del proceso de ampliación europea como parte de la credibilidad del bloque. Después, en una rueda de prensa, Zelenski reconoció que, “como la mayoría de países europeos”, tuvieron dificultades con sus vecinos en el pasado, pero pidió “vivir en el presente” y olvidarse de las redecillas históricas. “Tenemos un agresor, defendemos a Europa y debemos pensar en la seguridad de nuestra gente en el futuro”, respondió.Otro de los asuntos que Zelenski trató específicamente con el primer ministro irlandés, Micheál Martin, fueron las acusaciones sobre las presuntas exportaciones de alúmina —óxido de aluminio—, un componente utilizado para fabricar equipamiento militar. Todo arrancó hace unos meses, cuando una investigación periodística destapó los vínculos empresariales entre la irlandesa Aughinish Alumina, la mayor refinería de alúmina de Europa, y la economía rusa. Según esta investigación, esta enorme planta industrial localizada en el oeste de Irlanda todavía suministra ese material a fundiciones rusas que son propiedad de una enorme empresa rusa, United Company Rusal, que después las vende por su parte a fabricantes de armas de ese país sancionados por los países comunitarios. Batalla en EuropaIrlanda tiene como principal desafío cerrar un acuerdo por el próximo presupuesto europeoEn su encuentro bilateral, Martin aseguró que llevará los resultados de una investigación a Bruselas, algo que agradeció Zelenski, quien también confió en que la UE apruebe cuanto antes el 21º paquete de sanciones a Rusia, que incluye congelar durante seis meses el tope al precio del petróleo ruso para evitar las ganancias extraordinarias que está teniendo Moscú por los elevados precios desde la crisis en Oriente Medio.El principal desafío que le espera a Irlanda en los próximos seis meses, sin embargo, no tiene que ver con Ucrania, sino con tratar de alcanzar un acuerdo por el próximo presupuesto comunitario, el Marco Financiero Plurianual (MFP) entre el 2028 y el 2034, por el que ya se está librando una batalla feroz entre los países frugales y los llamados amigos de la cohesión —entre los que se encuentra España— que piden unas cuentas europeas con más recursos para hacer frente a las nuevas necesidades de Europa, como el rearme del continente o la inversión multimillonaria para hacer el bloque más competitivo frente a las otras grandes potencias del mundo. Hay prisa para cerrarlo cuanto antes, ya que el año que viene se celebran unas elecciones en Francia que, de ganarlas la extrema derecha, complicarían todavía más las conversaciones. “Necesitamos un acuerdo general antes de final de año”, señaló Costa en su discurso en Dublín.Irlanda se ha comprometido a presentar en octubre una nueva propuesta de lo que llaman “nuevos recursos propios”, es decir, fuentes de ingresos directos para el presupuesto, entre los que podría figurar una tasa a las grandes compañías digitales pese al enfado de Donald Trump. Un asunto sensible para la economía de Irlanda, que alberga las sedes europeas de las principales empresas tecnológicas estadounidenses.Corresponsal en Bruselas. Antes, al frente de la corresponsalía en Italia y el Vaticano de La Vanguardia y RAC1 (2018-2024). Es autora de ‘Laboratori Itàlia’ (Pòrtic, 2024).