Cito: “La semana pasada conocimos la sentencia del caso Ábalos, una trama corrupta que se llenaba los bolsillos con contratos de mascarillas durante la pandemia. Mientras los sanitarios salvaban vidas, otros hacían caja”. Y ustedes dirán: vale, lo que vendría a ser un miércoles normal en el Congreso de los Diputados, política madrileña etcétera. ¡Error! Estas frases forman parte de una intervención en el Parlament. Y ustedes rectificarán: ah, vale, es lo que ha dicho el portavoz del PP en el Parlament. ¡Segundo error! La cita corresponde a la pregunta que este miércoles le ha hecho a Salvador Illa la presidenta de Junts per Catalunya, Mònica Sales. No hace mucho, nos habría sorprendido bastante que el partido de Carles Puigdemont llevara a Cataluña los debates de Madrid. Es cierto que Sales ha utilizado el argumento de que Salvador Illa, en el momento de máxima actividad de la trama, era ministro de Sanidad. Pero la elección del tema demuestra que JxC ha dejado de pretender que lo que ocurre en España no le concierne, si es que en algún momento lo creyó sinceramente. Con mucha menos sorpresa, la pregunta del PP también ha abordado la corrupción, condenada o presunta, del PSOE. Las funciones de jefe de filas de los populares las ejercía hoy Juan Fernández, quien, para sorpresa de nadie, ha utilizado un lenguaje más aguerrido que el de Mónica Sales: “La verdad es que yo tendría miedo al futuro judicial de la cueva de Alí Babà y los cuarenta ladrones en la que han convertido el partido socialista”. Juan Fernández, por cierto, se convirtió el fin de semana en nuevo secretario general del PP de Cataluña, a las órdenes del reelegido presidente, Alejandro -también- Fernández. Ya ven, Fernández y Fernández, la nueva pareja líder del PP catalán. La coincidencia de los dos grupos de la derecha parlamentaria en atacar al president por el flanco de la corrupción puede interpretarse como un síntoma de ese deseo que ha expresado Alberto Núñez Feijóo: pasar página, es decir, olvidar de un plumazo años y años de activismo contra las reivindicaciones nacionalistas catalanas, desde las recolectas de firmas contra el Estatut -¿se acuerdan?, digo de lo de las firmas, no del Estatut- hasta los recursos contra la amnistía, aún vigentes, como hoy les recordaba a los populares el mismo Salvador Illa.Sin embargo, el líder del PP puede proponer pasar todas las páginas que quiera, pero mucho tendrían que cambiar los números para que esa página nueva no lleve la marca de agua del apoyo de Vox. Y es cierto que, en Cataluña, el partido ultra hace tiempo que tiene abandonado el ataque al catalanismo; está centrado en los argumentos anti-inmigración y los reproches a la política “progre”, asuntos que molestan menos a Junts per Catalunya. Pero, de ahí a que sea posible un acuerdo mínimamente sólido, hace falta aún mucho camino por recorrer. De momento, las sonrisas en los pasillos del Parlament de Catalunya se siguen cruzando entre Vox y Aliança Catalana.