Donald Trump acaba de asestar un golpe diplomático a la influencia de la Unión Europea en los Balcanes. La Administración estadounidense ha impulsado la dimisión, que se ha hecho efectiva este miércoles, del Alto Representante para Bosnia-Herzegovina, el alemán Christian Schmidt, y el nombramiento provisional del estadounidense Louis J. Crishock. La sustitución en el cargo refleja una creciente pugna entre Washington y Bruselas con un trasfondo que va más allá de lo político, y que entra en el terreno de lo económico y, en particular, de lo energético.La agencia de noticias Reuters y el diario The Guardian apuntan en una única dirección: los intereses de la compañía estadounidense AAFS Infrastructure and Energy. A esta firma, con escasa experiencia en infraestructuras, pero con estrechas conexiones personales en el entorno de Trump, se le ha adjudicado de forma provisional en Bosnia-Herzegovina la construcción del gasoducto Southern Interconnection.La tubería conectará la red bosnia con la croata y, a través de ella, con la terminal de gas natural licuado (GNL) de Krk, en el Adriático. Aunque Washington ve el proyecto como una vía clave para reducir la dependencia energética de Bosnia respecto al combustible ruso, varias fuentes diplomáticas confirman que Schmidt se ha opuesto firmemente a la cesión de los terrenos estatales necesarios para la adjudicación.El estadounidense Louis J. Crishock fue designado este martes por el órgano rector del Consejo de Aplicación de la Paz (PIC, por sus siglas en inglés). Desde la creación del cargo, todos los altos representantes han sido europeos, secundados casi siempre por un estadounidense.En principio, el mandato de Crishock solo está previsto que dure dos semanas. Para esa fecha, Washington y Bruselas ya deberían haber acordado el nombramiento definitivo. Pero no será fácil: Trump apoya la candidatura del italiano Antonio Zanardi Landi, de 76 años; Francia, Alemania y Reino Unido respaldan al enviado francés para los Balcanes, René Troccaz, de 66 años. Ante este escenario, la UE vuelve a proyectar una imagen de fragilidad. Kurt Bassuener, cofundador del Consejo de Políticas de Democratización (DPC), señala que Bruselas se muestra como una entidad dividida, incapaz de defender su estrategia en una región que aspira a integrarse en su propio club. Para Bassuener, la UE “transmite señales de que no le importa lo suficiente su propia seguridad ni la de los Balcanes Occidentales”. En la misma línea se pronuncia, desde la República Srpska, la analista Tanja Topic: “Si Bruselas retrocede ante un enfoque estadounidense cada vez más firme, podría colocar a la región en un peligro aún mayor del que ya afronta”, advierte por teléfono.Majda Ruge, investigadora sénior del European Council on Foreign Relations (ECFR), aclara que las disputas entre la UE y Washington por este cargo no son nuevas, pero advierte una diferencia crucial: en el pasado, la Casa Blanca buscaba un Alto Representante fuerte que cohesionara a las capitales occidentales para apuntalar las instituciones bosnias. Ahora, la situación se ha invertido. “Los estadounidenses parecen respaldar una agenda diferente, centrada en resolver rápidamente la cuestión de la propiedad estatal en lugar de fortalecer el Gobierno del país”, concluye la experta.Bosnia-Herzegovina vivió entre 1992 y 1995 la guerra más sangrienta de la antigua Yugoslavia, con 100.000 muertos en un conflicto que enfrentó a bosniacos, croatas y serbobosnios. La Constitución diseñada en Dayton alumbró un Estado con dos entidades: la Federación de Bosnia-Herzegovina (FBiH), principalmente bosniaca y croata, con el 51% del territorio, y subdividida, a su vez, en diez cantones autónomos; la República Srpska, de mayoría serbia y con el 49% del territorio. A estas entidades se añadió posteriormente el distrito de Brcko, bajo administración conjunta y supervisión internacional. El sistema ofrece muchas deficiencias y lagunas, pero ha preservado la paz durante más de tres décadas. En este entramado, la figura del Alto Representante ha sido esencial.Uno de los principales adversarios del recién dimitido Schmidt es el serbobosnio Milorad Dodik, expresidente de la República Srpska, verdadero hombre fuerte del país, y fiel aliado del presidente ruso, Vladímir Putin. Dodik ha amenazado de forma reiterada los acuerdos de Dayton al defender repetidamente una eventual secesión unilateral de la República Srpska. Por ese motivo, las autoridades estadounidenses impusieron sanciones a Dodik en 2017 y las amplió en 2022 bajo la Administración de Joe Biden. Finalmente, Trump se las levantó en octubre del año pasado. Poco más de tres meses después, el 6 de febrero, fue recibido en Washington por la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt.Tanja Topic señala que Milorad Dodik ha invertido “importantes recursos en actividades de lobby en Washington”. Además, aclara que su objetivo, más allá de buscar la salida de Schmidt, ha sido “promover el cierre de la figura del Alto Representante y reforzar la autonomía de la República Srpska hasta alcanzar una forma de independencia de facto”.Ahora, Bruselas se encuentra ante la cruda realidad de que los intereses de Dodik, Putin y Trump confluyen en un pequeño territorio donde las heridas de la guerra no terminan de cerrarse.
Trump desafía el poder de la UE sobre Bosnia-Herzegovina en una disputa con trasfondo económico
El Alto Representante europeo en el país balcánico dimite bajo la presión de Washington mientras las potencias occidentales eligen un sucesor interino















