Esta semana, algunos empresarios en Estados Unidos celebraban que Christian Schmidt, alto representante para Bosnia y Herzegovina, había anunciado su dimisión ante los miembros del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. La decisión fue celebrada por las autoridades de la entidad serbobosnia del país, la llamada República Srpska, y puso en evidencia que el país balcánico está en una encrucijada entre lo que Schmidt calificó como un camino entre "la estabilidad y el estancamiento". El político alemán no se refería a un riesgo de seguridad inminente, pero sí a una crisis institucional, un bloqueo político y unas tensiones internas que han provocado que Bosnia no avance en el proceso que empezó cuando acabó la guerra en 1995. Esta dimisión, lejos de ser anecdótica, muestra el choque entre dos corrientes: la del gobierno en Sarajevo y la de la entidad serbobosnia. La primera está apoyada por bloques como el europeo. La segunda, conocida por su tinte nacionalista e independentista, ha sido vinculada con actores como Rusia y empresarios cercanos a Donald Trump en Estados Unidos. Schmidt, después de su renuncia, criticó abiertamente a los líderes de la República Srpska y dijo que estaba preocupado "por las narrativas que presentan a Bosnia y Herzegovina como un escenario de un llamado choque de civilizaciones". El líder serbobosnio, Milorad Dodik, despliega un discurso islamófobo, define a Bosnia y Herzegovina como "monstruo contra la población serbia" y niega el genocidio de Srebrenica contra la población bosniaca. El representante de Rusia intervino tras la dimisión de Schmidt y apoyó a los dirigentes serbobosnios, que estuvieron en Moscú el 9 de mayo coincidiendo con el Día de la Victoria. Durante su intervención afirmó que Bosnia y Herzegovina había declarado su independencia "en contra de la voluntad del pueblo serbio" y denunció la situación carcelaria de los criminales de guerra Ratko Mladić y Radovan Karadžić. Para finalmente abogar por el cierre de la Oficina del Alto Representante, centrada en supervisar el cumplimiento de los Acuerdos de Dayton que pusieron fin a la guerra. La embajadora de EEUU durante la sesión en Naciones Unidas declaró la necesidad de que el nuevo alto representante tenga "la confianza de todas las comunidades" y afirmó que serán los líderes locales quienes "tomen las decisiones". Su mensaje iba dirigido a las facultades mismas del alto representante. Los poderes de Bonn otorgan a la autoridad internacional la capacidad de imponer leyes, destituir a funcionarios y bloquear decisiones contrarias a los Acuerdos de Paz de Dayton (1995). Estos poderes han sido una de las cuestiones más criticadas desde la República Srpska, como también una evidencia de la falta de soberanía bosnia. Lo cierto es que Schmidt, durante su etapa, se ha diferenciado de sus predecesores en intentar agitar un sistema que está modelado para lograr el equilibrio entre las élites bosniaca, serbia y croata (representantes de los tres pueblos constituyentes). El resultado ha sido una relación controvertida con las tres partes. El ejemplo más claro fue la imposición de enmiendas a la Ley Electoral en 2022, que favorecían al electorado nacionalista croata. Desde la República Srpska se le acusó de extranjero ocupante, desde el Partido de Acción Democrática (partido orientado al voto nacionalista bosníaco) de profundizar en las divisiones étnicas y desde el entorno bosnio-croata de haberse quedado a medias. Incluso los partidos liberales bosnios definieron la decisión de antidemocrática. La renuncia de Schmidt ha sido recibida con incertidumbre en Sarajevo y como una victoria en el entorno serbio de Banja Luka. La élite sarajevita y bosniaca observa con preocupación cómo la geopolítica estadounidense ha virado, desde el inicio del segundo mandato de Donald Trump, hasta posiciones favorables no solo a los intereses de los líderes de la República Srpska, sino que representa un enfoque distinto a la orientación liberal de las últimas tres décadas. Todas las fuentes apuntan a que la dimisión del alto representante está relacionada con las presiones estadounidenses, pero también con la falta de apoyos concretos desde la diplomacia europea. El nuevo vínculo con MAGA Desde su nombramiento, Schmidt mantuvo malas relaciones con el líder serbio, que siempre consideró que el alto representante no tenía legitimidad internacional (su nombramiento no fue reconocido por Rusia y China). En 2025, un tribunal de apelación bosnio confirmó la condena contra Dodik por desobedecer las resoluciones del Tribunal Constitucional y del alto representante, y la sentencia supuso su remoción como presidente de la República Srpska; aunque la sigue ejerciendo de manera no oficial. EEUU llegó a imponer sanciones a Dodik por su desafío a las instituciones bosnias, pero en octubre de 2025, en un giro sorpresivo, la Administración Trump se las retiró, a pesar de que el líder serbio no ha variado su discurso y sigue amenazando con la secesión de la entidad de mayoría serbia. Dodik ha estrechado vínculos con el círculo MAGA. El líder serbobosnio tiene una relación próxima con lobistas como Michael Flynn o el ex gobernador de Illinois Rod Blagojevich. El hijo de Donald Trump visitó recientemente Banja Luka y en febrero pasado Dodik se reunió en Washington con miembros republicanos del Congreso; también con Karoline Leavitt, la secretaria de Prensa de la Casa Blanca, y Pete Hegseth, secretario de Defensa, gracias a la intermediación de Flynn, ex asesor de seguridad de Trump. A principios de mayo, Dodik recibió de la Universidad de Judson un premio "al liderazgo y a la defensa de la democracia". Flynn no es una figura desconocida. En 2017, siendo asesor de Trump, dimitió tras las acusaciones de haber mentido al FBI sobre las conversaciones que había mentido con el embajador ruso en Washington. Según diferentes medios, Dodik le ha contratado por 100.000 dólares al mes (85.404 euros). Blagojevich fue condenado, en 2011, por corrupción política, aunque Trump conmutó su sentencia en 2020. La división transatlántica Lo que parece una transición diplomática ordinaria esconde las fricciones crecientes entre EEUU y la UE, en una zona de interés compartido y en la que ambas partes han ido de la mano desde el final de la guerra de Bosnia y desde el inicio de la presencia militar en el país balcánico de la OTAN. La renuncia de Schmidt coincide con la aprobación de los legisladores de la Federación de Bosnia y Herzegovina (entidad de mayoría croata y bosniaca) de la construcción de un gaseoducto por valor de 250 millones de dólares (230 millones de dólares) a una empresa estadounidense (AAFS Infrastructure and Energy), dirigida por un ex abogado de Trump, Jesse Binnall, y por Joseph Flynn, hermano de Michael Flynn. EEUU está apostando por el control energético del sudeste europeo y por la conexión energética desde Croacia con toda la zona. La empresa planea invertir 1.500 millones de dólares (1.380 millones de euros) en varios proyectos. La UE recordó a las autoridades bosnias en una carta que tenían que cumplir "diligentemente" con las obligaciones derivadas de ser un país candidato, pero la aprobación de la concesión sin licitación pública, el levantamiento de las sanciones a Dodik sin resistencias públicas y la posterior dimisión de Schmidt dan a entender que Bruselas y los Estados miembros han transigido con la estrategia estadounidense. En realidad, la diplomacia de la UE se encuentra en suspensión entre la preocupación por el proceder estadounidense y la ausencia de una hoja de ruta consensuada por los Estados miembros para Bosnia y Herzegovina, un problema tradicional. Croacia mantiene una estrecha relación con el líder bosnio-croata Dragan Čović, que promueve, desde hace años, la creación de una tercera entidad de mayoría bosnio-croata con las mismas atribuciones que las dos entidades bosnias: la Federación de Bosnia y Herzegovina y la República Srpska. Pero, potencialmente, los gobiernos de países como Bulgaria o de Eslovaquia, miembros de la UE, pueden acercar posturas con el nacionalismo serbio en contra de una Bosnia y Herzegovina más cohesionada y seguir las agendas de Washington o de Moscú en contra de los intereses de Bruselas. El próximo octubre se celebran elecciones generales y se podrá tomar el pulso al sentir del electorado bosnio, dividido entre una posición liberal y el apoyo a los etnonacionalismos serbio, croata y bosníaco. De momento, la diplomacia estadounidense ha preferido adelantarse a los comicios marcando su estrategia exterior para Bosnia y Herzegovina para los próximos años. La pregunta es si Bruselas logrará forjar la suya propia.