En el corazón del barrio de Vallcarca, en Barcelona, hay una plaza sin nombre. Lo que antes fue un solar abandonado, ahora es un espacio que bulle de vida. Los vecinos estuvieron años arreglándolo para hacer de él un lugar de encuentro y, aunque acabaron la remodelación en 2024, todavía no hay ninguna placa que la reconozca formalmente como una plaza y no figura en los mapas oficiales.

Cuando hubieron puesto la primera piedra, el barrio empezó a pensar cómo quería llamar a su plaza. La primera opción fue Plaça Farigola, en referencia a la escuela homónima que hay a unas pocas calles y que es el nombre por el que se refieren a ella los vecinos. También se pensó en Hilda Agostini, la maestra republicana que ejerció en ese colegio antes de exiliarse. O Uri Caballero, en homenaje al vecino, activista y guitarrista de Els Surfing Sirles, que murió hace 13 años.

Los vecinos aseguran que todos esos nombres fueron trasladados al Ayuntamiento, pero ninguno de ellos prosperó. Al final, la plaza se llamará Capitán Trueno. La decisión, tomada por unanimidad en la comisión de nomenclátor del Ayuntamiento de Barcelona, ha indignado al barrio que, aunque no tiene nada en contra del cómic de Víctor Mora, lamenta que se les haya impuesto un nombre que “desdibuja la identidad histórica de Vallcarca” y que no respeta “los referentes vinculados a su memoria”.