La contienda entre Cerdanyola del Vallès y Sant Cugat por quedarse con Bellaterra paraliza una promoción de viviendas que impulsa un grupo de vecinos
En la plaza Maragall de Bellaterra tres vecinos charlan bajo el sol del último jueves de marzo y opinan sobre el debate que tiene en vilo a esta urbanización de chalés, algunos vistosamente lujosos, de las afueras de Barcelona. ¿Prefieren quedarse en Cerdanyola del Vallès o pasar a ser un barrio de Sant Cugat? “A mí me da lo mismo”, dice Joan Garcia. “Pues a mí no me da igu...
al porque he pasado más de 60 años siendo vecino de Cerdanyola y quiero seguir siéndolo, pese a que estoy enfadado”, replica Josep Riart. El motivo de su enfado tiene que ver con el bloqueo administrativo que atranca el desarrollo de 150 viviendas nuevas. Es un proyecto urbanístico comunal ideado e impulsado por un grupo de residentes en la urbanización para facilitar, sobre el papel, pisos para jóvenes, que saldrían a la venta a un coste inferior al precio actual de mercado y con una reserva de varias unidades para ser de protección oficial. “Es que da igual de donde seamos, lo que hace falta es desbloquear esto para que los jóvenes puedan tener un sitio para quedarse a vivir aquí”, resume Paco Bernal, tercer integrante del corro vecinal.






