01/07/2026 a las 01:29h.

En el número 11 del Paseo Marqués de Zafra hoy no hay barullo. A las venezolanas del barrio nadie les gana en risas. Pero ahora, justo ahora, están apagadas. Les han bajado el volumen de golpe. «¿Cómo está tu familia?». «¿Están bien los ... tuyos?», preguntan los clientes. También los que se asoman al local solo para interesarse por ellas. A Luisa, a Mayerlin y a Jennifer no hay quien les borre la arruga del entrecejo. Tienen la cabeza en San Bernardino, donde se desplomó el edificio de una; en Los Corales, de donde es la suegra de una, o en Maracay, adonde mandaron a la familia de la otra después del desalojo. Como ellas, cientos y miles de ciudadanos de la diáspora lucen una grieta en el semblante. Vivan en Madrid, Málaga, Barcelona, París, Londres o en Berlín, comparten el mismo gesto: la mirada se les queda pegada a la pantalla del móvil.

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