El país cumple una semana en ‘shock’ y con cambios a velocidad de la luz tras la captura de Maduro, un líder omnipresente en la vida cotidiana de los venezolanos
Un día, Venezuela se despertó y Nicolás Maduro ya no estaba. El hombre omnipresente en la vida de los venezolanos durante más de una década desapareció de golpe. Si se encendía la televisión, la radio o abría sus redes sociales aparecía el líder chavista en cualquiera de sus facetas. Su ausencia ha abierto un cráter en un país acostumbrado a que su retrato cuelgue de las paredes de todas las dependencias públicas y los cuarteles, junto al del comandante Hugo Chávez. Maduro por la mañana, por la tarde y por la noche. Y de repente, ya no más.
La Venezuela de Delcy Rodríguez, su sucesora, se parece a la anterior y al mismo tiempo no tiene nada que ver. Maribel dormía en Maracaibo cuando sonó su teléfono el sábado pasado, 3 de enero, de madrugada. En la pantalla iluminada aparecía el nombre de su hijo, que había salido unas horas antes a una fiesta. “Mamá, están bombardeando Caracas”, le dijo el niño. Vente, corre, le ordenó ella. Se levantó y encendió el televisor, pero en los canales públicos no contaban nada. En el ordenador leyó a la prensa internacional contar que Estados Unidos atacaba la capital. Al rato, que se habían llevado a Maduro. ¿Qué pensó? Felicidades, este es tu regalo de cumpleaños. Ese día iba a soplar 49 velas.







