Mientras el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunciaba el martes el ataque militar a una embarcación que, según aseguró, salía de las costas venezolanas cargada de drogas, Nicolás Maduro, sin darse por aludido, aparecía en televisión. Se mostró distendido y de buen humor, recordó sus inicios como militante político en El Valle, una urbanización empobrecida del oeste de Caracas, pero siempre tratando de transmitir la idea de tener el control político de su Gobierno.
El estado de alerta mantiene su máximo nivel en las estructuras de poder de la revolución bolivariana en este nuevo choque con la Casa Blanca. En las calles de Venezuela, sin embargo, la vida cotidiana de la población transcurre mayoritariamente al margen de estas tensiones. Son pocos, en realidad, los que visualizan en Venezuela la inminencia de un conflicto armado o de un cambio de régimen.
Maduro aseguró que, de ser agredidos, los chavistas se declararán “en lucha armada”, un escenario extremo que ha estado presente en todas las hipótesis de conflicto del oficialismo en estos años, y que le da contenido al carácter cívico-militar y la inspiración guevarista de este movimiento.
El Gobierno se esmera ahora en documentar al detalle, a través de constantes comunicaciones emitidas por la televisión estatal, los operativos antinarcóticos llevados a cabo por el Ejército y la Guardia Nacional en los estados Zulia, Táchira y Amazonas, fronterizos con Colombia. En las calles hay controles policiales y militares haciendo trabajos de patrullaje e inteligencia. Algunos uniformados se han asentado en barriadas populares periféricas y superpobladas de la ciudad, en busca de personas susceptibles de ser alistadas.






