Pocos estarán tristes de ver a Maduro tras las rejas. Sin embargo, el alivio no borra un hecho innegable: lo ocurrido es también una agresión contra una nación soberana
Poco después de la medianoche comenzó la circulación frenética de mensajes. “¿Pasó?”. “¿Está pasando?”. Estas frases, entre incrédulas y eufóricas, precedían los videos del ataque nocturno de Estados Unidos contra el régimen de Nicolás Maduro. En las pantallas de los teléfonos se veía un despliegue pirotécnico: helicópteros, fuegos de artillería cruzando el cielo, detonacion...
es y explosiones. Los reporteros improvisados –y aterrorizados– que grababan desde carros y viviendas identificaban los blancos como instalaciones militares críticas en Caracas. Así, cuatro meses después del despliegue de la Armada estadounidense en el Caribe, Trump había pasado de la amenaza de intervención al hecho.
Mucho se había especulado sobre un ataque, pero casi nadie daba por hecho que, además de inutilizar la capacidad de respuesta militar del ejército venezolano, el objetivo principal fuera capturar a Nicolás Maduro, descabezando al régimen chavista desde lo más alto.
Ahora, Maduro y Cilia Flores, su esposa, se encuentran detenidos, a la espera de una audiencia de presentación ante un tribunal del distrito sur de Nueva York, donde enfrentarán cargos por narcotráfico, terrorismo, tenencia de armas y otros delitos. La acción es espectacular y, en apariencia, sella el final de la era Maduro. Pero ¿es así como muere la dictadura chavista? ¿Es demasiado pronto para cantar victoria? ¿O estamos ante el inicio de una fase de resistencia que podría derivar en un episodio caótico y sangriento para Venezuela?










