Los lefebvrianos caminan hacia la excomunión con una especie de Woodstock ultratradicionalista. Al borde de la ruptura definitiva llegó la carta del Papa: “Os lo ruego y os lo pido de todo corazón: ¡dad marcha atrás!”. Los destinatarios son los miembros de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, más conocidos como lefebvrianos, que este 1 de julio pueden consumar un cisma anunciado, aunque no por ello menos espectacular.

Los seguidores ultratradicionalistas de monseñor Marcel Lefebvre, fallecido en 1991, han anunciado la consagración de cuatro obispos sin el mandato pontificio, un acto que comporta la excomunión automática por parte de la Iglesia de Roma. La Fraternidad sostiene que no puede esperar más: de los cuatro obispos consagrados por Lefebvre en 1988 solo quedan dos, el español Alfonso de Galarreta y el francés Bernard Tissier de Mallerais y considera imprescindible garantizar la sucesión episcopal.

Las negociaciones mantenidas durante meses han fracasado. Los tradicionalistas, que actualmente cuentan con dos obispos, 733 sacerdotes, 264 seminaristas y cerca de medio millón de fieles, rechazan de facto las conclusiones del Concilio Vaticano II, que entre 1962 y 1965 modernizó la Iglesia. Ya fueron excomulgados en 1988 por Juan Pablo II y, posteriormente, Benedicto XVI levantó la excomunión de los cuatro obispos ordenados entonces, aunque la Fraternidad nunca recuperó una situación canónica regular.