El cisma se consumó con una larguísima ceremonia marcada por las acusaciones contra la Iglesia de Roma.La Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX), el movimiento fundado por monseñor Marcel Lefebvre, hizo exactamente lo que el Papa les había pedido que evitaran: ordenó en Écône (Suiza) a cuatro nuevos obispos sin mandato pontificio, desoyendo la última carta de León XIV, enviada el 29 de junio, en la que les pedía que no “desgarraran” la túnica inconsútil de Cristo.Los nuevos obispos permanecen postrados en el suelo durante la ceremonia de consagración episcopal celebrada en Écône (Suiza), donde la Fraternidad Sacerdotal San Pío X desafió al Vaticano Cyril Zingaro / Ap-LaPresseLos seguidores ultratradicionalistas de monseñor Marcel Lefebvre, fallecido en 1991, han dado el paso que conlleva la excomunión automática (latae sententiae) prevista por el derecho canónico.La imposición de manos estuvo encabezada por el español Alfonso de Galarreta, uno de los dos únicos obispo que siguen con vida entre los cuatro consagrados por Marcel Lefebvre en 1988, unas ordenaciones ilegítimas que desencadenaron el anterior ruptura con Roma.En un lugar donde los símbolos nunca pasan desapercibidos, muchos se fijaron en que, al término de la ceremonia cismática, enormes nubes negras comenzaron a acumularse sobre las estructuras que acogían el acto. Poco después cayó una intensa lluvia que unos interpretaron como una bendición y otros, sobre todo en Roma, como un signo de castigo.La ceremonia se celebró en Écône, el cuartel general de los lefebvrianos, ante más de un millar de sacerdotes, religiosos y religiosas, y unos 15.000 fieles laicos, entre ellos representantes de algunos partidos de la ultraderecha europea. Los cuatro nuevos obispos son el suizo Pascal Schreiber, el estadounidense Michael Goldade y los franceses Michel Poinsinet de Sivry y Marc Hanappier.El español Alfonso de Galarreta, principal consagrante, será excomulgado por segunda vez, 38 años después de haber sido sancionado por las ordenaciones ilegítimas de 1988Las negociaciones entre la Santa Sede y la Fraternidad, mantenidas durante meses, han fracasado. Los tradicionalistas, que actualmente cuentan con 733 sacerdotes, 264 seminaristas y cerca de medio millón de fieles, rechazan de facto las conclusiones del Concilio Vaticano II, que entre 1962 y 1965 modernizó la Iglesia católica. Debido a sus posiciones, los lefebvrianos fueron excomulgados en 1988 por Juan Pablo II. Posteriormente, Benedicto XVI levantó la excomunión de los cuatro obispos ordenados entonces, aunque la Fraternidad nunca recuperó una situación canónica regular.La profundidad de la ruptura quedó patente en la homilía de cuarenta minutos pronunciada por el superior general de la Fraternidad, Davide Pagliarani. Según afirmó, desde el Concilio Vaticano II “las autoridades de la Iglesia manifiestan una actitud contraria a la fe y actúan contra la sagrada Tradición”, lo que convierte en un “gravísimo deber” transmitir “la gracia del episcopado” a los nuevos obispos. El superior añadió que cualquier pena o censura canónica contra este acto “no tiene ningún valor” y definió la jornada como “histórica” y “una fiesta” para los lefebvrianos.“Nos acusan de no amar al Papa, nos acusan de no respetarlo, pero es precisamente porque amamos sinceramente al Papa, como vicario de Cristo y cabeza de la Iglesia, por lo que no queremos seguir viendo al Papa humillado junto a falsos pastores representantes de falsas religiones”. Al comienzo de la ceremonia, incluso antes de las consagraciones, Pagliarani defendió la decisión calificándola de una “circunstancia totalmente excepcional” y aseguró: “Estamos dispuestos a pagar cualquier precio para salvar a la Iglesia”.Palabras que no dejaban margen para pensar en una reconciliación. La excomunión de los consagrantes y de los cuatro nuevos obispos se produjo en el mismo momento de la consagración episcopal, en virtud de la figura canónica de la latae sententiae, una pena que opera automáticamente, sin necesidad de una declaración previa de la autoridad eclesiástica. Esa es la razón por la que el Vaticano todavía no ha reaccionado oficialmente. En las próximas horas podría publicar un decreto que simplemente constate y notifique la excomunión e identifique formalmente a las personas afectadas.Mientras tanto, las nubes negras seguían cubriendo el valle de Écône, el escenario de un cisma que llevaba meses gestándose y que finalmente terminó consumándose.
Los lefebvrianos ordenan a cuatro obispos y consuman el cisma con Roma
Los tradicionalistas desobedecen al Papa, incurren en la excomunión y acusan a la Iglesia de actuar “contra la fe y la sagrada Tradición”











