Desde finales de 2025 y hasta hoy, si tiene más de 40 años y pasa tiempo en Instagram, es probable que se haya topado con él: un señor con el torso desnudo y unos abdominales inverosímiles, de pie en un jardín japonés de postal, realizando movimientos lentos y armoniosos mientras una voz en off promete que usted también podría tener ese cuerpo practicando taichí 15 minutos al día en el salón de su casa. El señor cachas es una imagen generada por inteligencia artificial. La empresa que está detrás era MadMuscles, una app de fitness de una compañía ucrania con sede en Nicosia, Chipre, ampliamente criticada por sus prácticas engañosas. Entre el ruido del marketing y los abdominales imposibles, sin embargo, hay algo real: el tai chi walking existe, tiene siglos de historia y la ciencia lo respalda con datos sólidos. Solo que no exactamente de la manera en que lo vendían.El tai chi walking no es una invención de influencer. Se desarrolló hace varios siglos como parte del entrenamiento marcial y de cultivo interno del taichí clásico, y lo que las redes han popularizado es su versión más destilada: una caminata lenta, deliberada y consciente que exige atención completa a cada elemento del movimiento, cómo el pie toca el suelo, cómo el peso se transfiere de una pierna a otra, cómo la columna permanece vertical y cómo la respiración se coordina con cada paso. La diferencia con caminar normal es fundamental. Cuando caminas, habitualmente usas el impulso, básicamente caes hacia delante y te atrapas con el siguiente paso. El tai chi walking elimina ese impulso por completo. Cada paso es un acto autocontenido de equilibrio. La revista Marie Claire lo llamó el sucesor del hot girl walk, la tendencia anterior que consistía en salir a andar con actitud. La comparación es exacta aunque cómica: donde aquello era energía y ritmo, esto es lentitud radical. Resulta extraño al principio, incluso incómodo, como si el cuerpo protestara contra la ausencia de prisa.Los beneficios están respaldados por décadas de investigación, pero no son los que prometían los anuncios con el señor musculoso. Un ensayo aleatorio controlado publicado en JAMA Network Open en 2024 asignó 342 personas con prehipertensión a dos grupos: uno practicó taichí cuatro veces por semana y el otro hizo ejercicio aeróbico convencional. Al cabo de un año, el grupo de taichí redujo su presión arterial sistólica en 7 puntos de media, frente a los 4,6 del grupo aeróbico. La práctica, que parece un baile a cámara lenta, es más eficaz que trotar para bajar la tensión. Lo dice JAMA, una de las revistas médicas más prestigiosas del mundo. Una investigación publicada en Anales de Medicina Interna añade que practicarlo dos veces por semana durante seis meses mejora la puntuación en pruebas cognitivas en 1,5 puntos. Y múltiples revisiones, incluida una de Harvard, confirman mejoras en equilibrio y prevención de caídas en adultos mayores, que es quizás el beneficio más relevante y menos glamuroso de todos.Lo que el tai chi walking no hace es ponernos como el señor de los anuncios. La promesa de desbancar al crossfit es tan fantasiosa como las imágenes que la ilustraban. Lo que sí hace, como demuestra la evidencia científica, es mejorar la calidad del movimiento, reducir el estrés, bajar la tensión arterial. Para alguien de más de 40 años con articulaciones que ya tienen su historia, eso no es poca cosa.La práctica tiene 2.000 años. El marketing, afortunadamente, mucho menos.
¿Qué es el ‘tai chi walking’ y qué puede hacer por tu cuerpo?
Esta disciplina mezcla este moroso arte marcial con la caminata. Posee enormes beneficios para los cuerpos maduros










