La derecha tradicional mueve sus fichas a seis semanas de la llegada de Abelardo de la Espriella a la Casa de Nariño. Varios partidos han certificado su apoyo al presidente electo pese a su abierto rechazo hacia “los de siempre”. Las formaciones políticas y el Gobierno entrante son conscientes de que, para llevar a cabo las profundas reformas que prometió el ultraderechista en la campaña, hace falta una mayoría sólida en un Congreso fragmentado.El primero en entregarse de lleno a De la Espriella fue el Centro Democrático. El partido fundado por el expresidente Álvaro Uribe se declaró la semana pasada como partido de Gobierno, pese a que faltaba casi un mes para la instalación del nuevo Legislativo, a que la ley da un plazo aún más amplio para definir la postura y a la falta de una señal clara del presidente electo de querer formar una coalición. “La bancada expresa su voluntad para iniciar un trabajo conjunto que apoye iniciativas orientadas a recuperar la seguridad, promover una economía fraterna, impulsar el crecimiento económico y generar más oportunidades”, señalaron los 47 congresistas del uribismo, 17 de ellos en el Senado. El partido y el mismo Uribe apoyaron la candidatura de De la Espriella durante la segunda vuelta tras la derrota de su propia candidata, Paloma Valencia. Muchas de sus bases regionales ya habían virado hacia el ultraderechista, por lo que la adhesión no cae como sorpresa.Con el anuncio, el Centro Democrático ha querido dar un golpe en la mesa ante un presidente que llega con una minúscula bancada propia de cinco congresistas, todos miembros del pequeño partido ultraconservador Salvación Nacional, que avaló la candidatura del autodenominado Tigre. Entre ellos destaca Enrique Gómez, nieto del expresidente Laureano Gómez y hace cuatro años candidato a presidente, cuando obtuvo menos de 50.000 votos.Los uribistas, en cambio, integran la fuerza política de derechas más numerosa en Senado y Cámara, son la segunda más grande tras el izquierdista Pacto Histórico, y son fundamentales para las sumas que tendrá que hacer el nuevo Gobierno. Aun así, el nuevo presidente no ha hecho guiños al partido y ha dejado al margen a Uribe, con quien no mantiene una relación muy estrecha, más diluida aún por los pleitos del exmandatario con personas de la campaña del ultra.En la estela del uribismo, Cambio Radical también anunció que sería partido de gobierno. Tras una crisis interna surgida de los malos resultados de las elecciones legislativas de marzo y con la reciente muerte de su líder natural, el exvicepresidente Germán Vargas Lleras, el partido busca mantener su influencia nacional. “Los congresistas acompañarán las reformas y proyectos (...), trabajando de manera articulada con el nuevo Gobierno”, indicó el partido en un comunicado.Cambio Radical —con seis senadores— ya había cantado su voto en la segunda vuelta. El nuevo líder y hermano del difunto político, Enrique Vargas Lleras, recalcó días antes de las elecciones que el programa de De la Espriella “recoge las banderas de Germán” y que tendrán un “compromiso ideológico” con el nuevo Ejecutivo. Además, la facción más poderosa del partido, los miembros apoyados por el clan Char, respaldó al ultra en las regiones, principalmente en el Caribe, en donde recortó distancias con la izquierda y fue clave para su triunfo.Con menor impacto, el partido Creemos hizo lo propio. El pequeño movimiento fundado por el alcalde de Medellín, Fico Gutiérrez, adhirió a sus dos representantes al nuevo oficialismo, tras haber respaldado al ahora presidente electo desde el inicio de la campaña. “Nuestra decisión de acompañar a este Gobierno nace de la coherencia”, dijeron los congresistas Luis Guillermo Patiño y Simón Molina.Otros partidos aún dejan en el aire sus apuestas sobre el nuevo Ejecutivo, pero las sumas preliminares son bondadosas con De la Espriella. Con gran probabilidad, el nuevo presidente, acompañado ahora de su recién anunciado ministro del Interior, Rodrigo Lara, contará con la mayoría de los votos del Partido Conservador (11 senadores) y los del Mira (cinco). Para otras formaciones más divididas, como La U y el Partido Liberal, intentará arañar algunos apoyos.Un día antes de la segunda vuelta, De la Espriella lanzó una dura advertencia contra el nuevo Congreso. “Los congresistas tendrán una responsabilidad histórica: decidir si acompañan las reformas que necesita Colombia o si anteponen sus intereses particulares a los altos intereses de la Patria”, declaraba el entonces candidato en un comunicado. “Si algunos sectores del Congreso renuncian a esa responsabilidad y traicionan el mandato ciudadano, se encontrarán con un gobierno de origen popular y con una conexión directa con millones de colombianos que ya no están dispuestos a seguir siendo ignorados”, añadía.Durante toda la campaña, De la Espriella rechazó las adhesiones de los partidos tradicionales, tachándolos de ser “los de siempre”, políticos de larga data que, según él y su campaña, han vivido “de la teta del Estado”. Es ahora, en un escenario de atomización total, en el que necesita abiertamente de aquellos que durante meses desestimó. Las antípodas ideológicas en el Congreso estarán muy divididas, con un Pacto Histórico como la mayor fuerza legislativa y que desde el minuto uno se declaró de oposición. Con la izquierda, es probable que se alineen otros partidos como la Alianza Verde y otros más pequeños como el indígena MAIS o los 16 escaños de las Circunscripciones Transitorias Especiales de Paz. Por el momento, el próximo presidente ha sido cauto y no ha agradecido las adhesiones más recientes, pues inevitablemente rompería con una de sus principales promesas de campaña de no pactar con los políticos tradicionales. Sin embargo, son ellos los que tienen la fuerza política para que él consiga estructurar su utópica “patria milagro”.