Los sucesos dicen mucho de las sociedades. Son sota, caballo y rey. Sujeto, verbo y predicado. Ya puedes presentar una estadística –con criterios interesados, a menudo– que llega un suceso y zasca: la bofetada de la realidad.Los sucesos están ganando originalidad. Tipos que por eludir un control policial pisan a fondo y matan al primero que pasa. Padres que se ensañan con sus bebés. Sicarios que actúan frente a una comisaría. Gente a la que se le va la olla y hasta qué punto... Milos Jokic / iStockUn inciso personal. Admito que puedan etiquetarme de adicto. En mi caso, al tabaco. Socialmente, resta puntos. Amorosamente, no ayuda y de salud ni hablamos. Dicho esto y sin ánimo de justificar nada, fumar no altera el comportamiento, genera beneficios para el Estado –y no al revés– y sensibiliza sobre lo fácil que es empezar un vicio y lo que cuesta dejarlo.Nadie debate el consumo desaforado de drogas en España, quid de ciertos sucesosComo noctámbulo irredento y ciudadano diurno que no se chupa el dedo, me atrevo a opinar que corren, circulan y se consumen tantas drogas en España –de las que sí alteran la conducta– que pasan pocas cosas y las que pasan se explican en gran parte por enajenación mental, bien transitoria, bien por acumulación de consumo de drogas blandas. Los años veloces transcurren y uno constata que la factura no era la previsible, inocua, hippy, guay, yuppie...Los efectos del consumo no parecen importar mucho a los partidos ni a la sociedad. Aquí no hay frentes ni disputas, más bien colegueo y transversalidad, como si fuese un asunto irrelevante que, en todo caso, solo importa a cuatro puritanos. La droga siempre ha tenido buena prensa en España, relativizada por derechas e izquierdas hasta el punto de este “mejor no toquemos el tema”. Solo hay que ver a Torrente.Mientras el tabaco es objeto de debates picajosos –fumar en terrazas o en playas–, la oferta variadísima de drogas se despacha en modo­ pie de página, puramente lúdico, tal que una noche loca, Eurovisión o la rúa de un equipo de fútbol que ha hecho historia. La venda en los ojos es grande. Ni siquiera hay debate –y mira que debatimos chorradas–. Los nuevos sucesos son muy elocuentes.Nacido en Barcelona, licenciado en Periodismo por la Universidad de Navarra y becado un curso en la Missouri-Columbia University, entró en 'La Vanguardia' en 1982, donde ha hecho casi de todo. Corresponsal en Hong Kong (1987-1993), Washington (1993-96) y París (1996 al 2000). Ha cubierto tres elecciones presidenciales en EE.UU., tres en Francia, las guerras de Kuwait, Irak, Ucrania y Gaza, los funerales de Hiro Hito, Rajiv Gandhi, Deng Xiaoping, Nixon o Hassan II, el 11-S de Nueva York, el accidente nuclear de Fukushima así como tres mundiales de fútbol y los JJ.OO de Seúl, Barcelona, Atlanta y Atenas. Redactor jefe de Internacional y actualmente articulista del diario. Ha perpetrado tres libros: 'Menuda tropa', 'Esta ronda la pago yo' y 'Cuando de dejan'.